Empaque sus corotos que vuelve y se va…

[ File # csp1883563, License # 1295737 ] Licensed through http://www.canstockphoto.com in accordance with the End User License Agreement (http://www.canstockphoto.com/legal.php) (c) Can Stock Photo Inc. / ilona75

Mudanza: cambio que se hace de una vivienda o de una habitación a otra, que consiste en trasladar los muebles y enseres al nuevo lugar de residencia.

Uno cree que cambiarse de habitación, casa, ciudad o país a veces no es tan complicado;  porque los cambios son buenos, porque la novedad es lo máximo, porque que dicha gente nueva, etc., pero siendo objetivos, es como si usted estuviera pagando una promesa, mejor dicho, sale más fácil irse de rodillas hasta donde el señor caído de Girardota, que planear y realizar una mudanza.

Desde que tengo uso de razón estoy empacando cajas y maletas, digamos que he sido como “judía errante” y me he movido más que los gitanos. Sin ser muy exacta, hasta los 25 años que me fui de Colombia viví en once lugares por lo menos y en otras latitudes ni les cuento.  Y al regresar después de un buen tiempo, súmele diez casas más.  En total, en los años que tengo de vida, he ocupado 33 hogares.  ¡Qué cansancio!

Tres países,  cuatro ciudades y 33 casas… ¡Ahora lo entiendo todo! Por eso soy inconstante, me aburro fácilmente y soy tan reacia a enamorarme. Lo dicho, la rutina no es lo mío. Y creo que así será hasta el fin de mis días, porque como dicen por ahí “el que es, no deja de ser” y si quiera ahí para, porque creo que de esta vida mundana, derechito pal lugar aquel maravilloso a pasar la eternidad.

Cuando uno vive en su país de origen todo es más fácil porque tiene familia, está más pudiente para contratar camión de trasteo, le ayudan los amigos y hasta le suben todo al sitio nuevo, pero hágame el favor en otra parte del mundo donde usted es estudiante, no tiene mucha capacidad económica y le toca pasarse en metro. Pues esa tuvimos que hacer recién llegados a Madrid el galán respectivo y yo, menos mal la mudanza fue entre dos, pero aún así cargar corotos, cajas, mochilas y hasta televisor de una estación a otra, no es nada maravilloso.  Lo bueno era que no había que pasar  cama o muebles, pues por lo general alquilan los apartamentos amoblados; porque ahí se hubiera podido parar en las pestañas Don Señor y me quedo sin un euro durante un año, pero ni loca me echo un colchón a cuestas y me paseo la capital española.

Y para más “Inri”, cuando estábamos ya instalados en el nuevo nidito de amor, a ver pues ¿dónde está aquello? ¿Lo otro? ¿Lo que tenía en tal cajita? Resulta y acontece que a la belleza de novio se le había olvidado cargar unas o varias cositas y las dejó en la puerta del anterior edificio;  y como es común que la gente tire lo que no le sirve o no le gusta en muy buen estado, los ciudadanos sin ningún reparo moral o apariencia alguna si les agrada se lo llevan, pues más avispado el que pasó, lo vio y pensó que era para tirar y como Pedro por su casa pues se lo llevó.

La costumbre no paró ahí, porque me cambié de Madrid a Barcelona y así sucesivamente de apartamento. Y el último trasteo en España me lo hizo una amiga muy adorada ella en un Fiat que solo cabían las maletas y pare de contar, calcule entonces ¿Cuántos viajes tuvimos que hacer? Porque ahí ya no era estudiante, ya trabajaba y tenía mis “propiedades”, poquitas pero las había comprado yo: la cama con colchón incluido, la bicicleta, el televisor, la mesa de noche, los libros, la ropa… y cuando hablo de ropa no era una maleta, ¿recuerdan que alguna vez les conté que soy compradora compulsiva? Entonces ni pa´que les digo.

Luego me fui a Londres y me tocó pagar un sobre cupo que “yo no lloro no más me acuerdo” y al volver tuve que dejar la mitad y regalar la otra. ¡No hay derecho! Pues, de las aerolíneas que no dejan llevar es pero nada. Y volví a Colombia ¿y pueden creer que aún tengo cajas en Barcelona? Aprovecho este post para agradecerle a mi gran amiga Mónica que tan amablemente, tan querida, tan bella ella, me ha guardado mis cosas durante seis años… ¡Moni, te puedes quedar con todo!

Y ahora sigo entendiendo… creo que mis problemas de bíceps y manguito rotador no se deben al sacrificio que durante horas le dedicaba al gimnasio, ¡no! Estoy segura que son de cargar maletas, subirlas, bajarlas, empacar cajas, llevarlas, traerlas y demás. Porque no sólo fuera de Colombia me tocó semejante “dicha”, cuando regresé seguí en las mismas: de un sitio para otro, sola, con compañero, sola otra vez, con roommates y así hasta que decidí que paraba y no me movía más: porque el estrés me estaba matando, el cansancio me podía y las fisioterapias las estaba empezando a odiar. Y aún teniendo ayuda para mover mis cosas; el empacar agota, tener llenos los cuartos útiles de familia y amigos es conchudez, el volver a poner la ropa en un closet mata, el colgar cuadros acaba, el acostarse a las tantas porque faltó esto y lo otro es como para darse látigo. Llevo seis años de haber vuelto y ya he habitado nueve casas. En la actual llevo dos y medio y espero sea mi morada por un tiempo más hasta que vuelva y tenga fuerza para seguir andando, o no.

Anuncios