Sufra que eso es gratis mija

En una cita que tuve hoy para hacerme la cera en alguna parte del cuerpo de las que uno quiere latigarse del dolor, salió la idea de este post, porque hasta ahora me pregunto: ¿Por qué las mujeres sufrimos tanto y a veces gratis?

Comencemos por la BELLEZA:

Ir a la peluquería más que un ritual para embellecernos, se convierte en pagar una promesa.

El pelo: Usted va para cepillarse y que le quede liso chorriado como virgen de pueblo, porque en la ciudad donde vivo “Antes lisa que crespa” y olvídese pues si es más arriba de la cintura. Calcule la cantidad de dinero que se gasta semanalmente y los tirones que tiene que aguantarse.  Y eso, sí usted no se hace los enemil tratamientos para el liso permanente en los que tiene que quedarse horas como estatua de museo aguantando secador, un olor a químicos que puede acabar en instantes con su vida, plancha a dos manos y un calor de los mil demonios.  Pero lo que quiero es teñirme las canas: Pues bien pueda siéntese 45 minutos con un producto que huele de todo menos a bueno, que le perfora las fosas nasales, queda como una gallina despelucada, expuesta a los transeúntes que pasan por el local y no hace sino perder fans. Pero es que quiero que me haga trenzas: Ah sí bien pueda, siéntese a sufrir un ratico y que la dejen como si hubiera nacido en China porque ni los ojos se le ven de lo apretadas que quedan y el dolor de cabeza le dura tres días.

Las uñas: (manos) Lo primero que usted debe hacer es llevar su kit de manicure porque facilito le pegan un hongo que le tumba cualquier dedo le digo pues. Lo otro, es que queda descoordinada totalmente porque hasta que no se le sequen las benditas uñas no puede irse del lugar, no tiene cómo manejar o tomar un transporte público y menos sacar la plata para pagar, porque si se le daña una uña el proceso es complejo. (Pies): De solo pensar en los separadores que le ponen en los dedos yo no lloro no más me acuerdo, es como si le hubieran metido piedras entre cada uno. Y póngase pues las sandalias para poder irse… ¡ah no! Misión imposible 5 es una güevonada amiga.

La cera: Parta de que uno tiene pelos en todas partes del cuerpo, hasta en las más insospechadas, delicadas y sensibles; pero hay que hacérsela porque no está bien visto que  a usted lo coja “cualquier emergencia” y tenga el jardín sin podar. La que más duele es aquella del bikini en la que queda odiando a la esteticista y a todo el personal que allí trabaja, eso si no la queman un poquito porque por lo general la cera se encuentra a altas temperaturas, usted solo quiere que esa tortura acabe lo más pronto posible y es cuando se pregunta ¿Si es necesario tanto sufrimiento gratis? reflexiona en medio del dolor y la respuesta es afirmativa porque no haya nada más desagradable que un pelo donde no debe estar.  Y está la misma historia también con las axilas, las piernas, las cejas y las de malas que le sacaron el bigote al papá.

Si el presupuesto no da, entonces existe una herramienta maravillosa e imprescindible para las mujeres que es la pinza, ese perfecto invento que nos desembala cada rato, porque fémina que se respete anda con una en el bolso. Si a usted no le dio para depilarse las cejas con la cera, pues mamita eche mano de ella y llore porque es como si la estuviera picando una hormiga roja por cada poro que usted escarba y saca el pelo de su comodidad. Si no le dio para el bikini, ahí si empérrese como una Magdalena porque duele más que cuando lo echa una traga maluca. Pero tanto sufrimiento al final vale la pena porque como sea, llega como una princesa sin ninguno de esos indeseables.

La piel: Morena quiere estar cualquiera pues. La ropa, los colores, los tonos, los matices, ¡todo! se ve hermoso en un canelita Hollywood, pero ¿qué tiene que hacer para tener ese hermoso color? Pues achicharronarse dos horas al sol como pollo rostizado, a punto de que le dé una deshidratación con insolación incluida y eso es ser masoquista. Si usted no tiene acceso a la piscina o al mar, pues pague esta vida y la otra en una cámara de bronceo, que no produce sino claustrofobia y la deja líchiga el resto del mes.

De las CIRUGÍAS PLÁSTICAS ni hablemos, hasta ahora no me he realizado ninguna y espero que este cuerpecito serrano siga tal cual a punta de yoga y caminatas, pero si me ha tocado vivenciar las de otras mujeres cercanas y les digo pues que usted tuvo que haber hecho algo muy malo en su vida para aguantarse ese dolor. Aumento de senos o reducción, cirugía de párpados, liposucción, lipoescultura, glúteos, nariz, elevación de cejas, rejuvenecimiento facial, rejuvenecimiento vaginal (y aquí ya si convulsioné) y hasta las orejas, son las más comunes, pero deje así porque con solo leer los nombres ya me duele todo.

EL PESO: No había visto en la vida ser para sufrir tanto por el peso como las mujeres, sobre todo en esta sociedad tan pesada donde nos movemos. Una ciudad como Medellín donde la belleza es entendida como el centro de todo y así suene duro, muchas veces somos vistas como objetos decorativos y la cirugía estética manda la parada. Usted sufre porque es flaca y no tiene carnita y como dicen por ahí: “Donde hay carne hay fiesta”, porque le sacó la nalga al papá como la del bigote o porque es tabloide de arriba abajo. Y gorda, porque a las gorditas “solo las quiere la mamá”. Subió un kilo, se da duro una semana entera y se mata en el gimnasio hasta que todo vuelva a ponerse en su sitio o se muere de hambre porque las calorías no pueden excederse y no disfruta de lo bueno que es comer. He de decir que al contrario del nombre de mi blog, he sido muy de buenas con mi constitución corporal, pero también he sufrido por el peso porque al contrario de muchas mujeres, no me gusta estar demasiado delgada y el sufre que sufre ha sido horrible, aunque en estos momento de la vida, ya montada en el cuarto piso y más allá, me importa más la evolución del rábano que lo que puedan decir de mi cuerpo.

Pasemos al AMOR, ese por el que generalmente sufrimos gratis porque muchas veces es buscado por ociosas y masoquistas. No estoy generalizando, algunas situaciones son porque en realidad dimos con una pareja hija de su chingada madre, pero hay otras en las que nos gusta sufrir como condenadas y hasta látigo nos damos y si es con espinas mejor. Las tusas duran y duran como si no existieran en la vida otros hombres o usted fuera la más de malas para no tener otras oportunidades, entonces empieza a llorar por cualquier cosa que le recuerde el episodio, llámese canción, serie, programa de televisión, publicidad, etc. Todo lo que usted lee le cae como al anillo al dedo y las canciones todas fueron compuestas por su historia personal. Hay que ahogar las penas con las amiguis que la acompañan en su dolor, pero lo que hace es padecer más porque la película es en 3D, de un momento a otro es directora de de cine y se imaginó las mil historias, ya el cuchillo no solo va al corazón si no a las vísceras y todo lo que en el cuerpo le duela, hasta la intangible alma. Trata de cerrar el ciclo mínimo diez veces escribiendo las diez cartas de despedida, haciendo el ritual de “Fuera las malas energías, llega a mi todo lo positivo, lo bueno y me lo merezco”, ¡cual merece! Usted lo que hizo fue que se metió una salvada de padre y señor mío de no seguir con semejante personaje y eso es lo positivo que le llegó, ahí si aplica perfectamente aquella famosa frase de la iglesia cristiana: ¡Pare de sufrir!

Aunque investigando, existe el síndrome de “Romeo y Julieta”, con semejante nombre calcule pues, se da en aquellas personas que quieren estar enamoradas pero que no saben amar, ¡Háganme el hp favor! O sea, entre la cantidad de cosas que le añaden complejidad al concepto del amor, ya usted tiene que descifrar si es amor o enamoramiento.  No saber diferenciar ambas es el origen del sufrimiento y esa revoloteadera de mariposas en el estómago, de representar todos los clichés románticos habidos y por haber y de sentirte como la protagonista de Bridget Jones, es el sufrimiento en pasta.  Todo en la vida pasa y los amores también, no hay mal que dure 100 años ni “parido” que le dé a uno duro por siempre.

Las AMIGAS: Y es que las mujeres somos tan jodidas que hasta por las amigas sufrimos. ¡Sí! porque no le paró bolas a la historia que le contó, porque no le opinó, porque no la saludó como debía, porque seguro está en sus días y no me la aguanto pues, porque habló con un amigo suyo, porque no la tuvo en cuenta para el súper paseo… ¡Lo peor amiga lo peor!

Y por más minucias sufrimos todos los días; porque no tiene que ponerse y el clóset está repleto, porque ese jean le hace ver la nalga caída entonces ni por el hp sale así, porque el otro dijo, porque el otro no dijo, porque no la llamó, porque gana más, porque no respondió el mensaje al momento y ya quien sabe que fue, porque no puede ni ver a alguien en pintura y la descompone, un sinfín de sufrimientos que Jesucristo es un pobre pendejo al lado de uno.

Y aunque es difícil a veces no sufrir, es mejor pensar que las cosas tienen un porqué y no seguir gastando ni tiempo ni energía en lo que no vale la pena, ni tener el ojo chocolatiado por cualquier cosa y vivir lo que quede sin sufrimiento porque arruga la cara y el alma.

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