El pinocherío

“Una mentira es una declaración realizada por alguien que sabe, cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, de forma que se oculte la realidad en forma parcial o total”.​

Toda mi vida desde que tengo uso de razón, he odiado las mentiras, aunque eso no quiere decir que en algún momento no las haya dicho por necesidad o por salvarme el pellejo. Es que usted puede echar mano de ellas cuando sean útiles, las que se utilizan para conseguir algo “benevolente” y las que son fruto de una exageración que no lo deje muy mal parado, pero siempre y cuando eso no cree una bola de nieve o hiera corazones que es lo más común.

Soy muy directa y voy siempre a la yugular, me gustan las cosas de frente y sin tapaos; porque es mejor sufrir al instante y no morir engañada. Amo la sabia frase: “La curiosidad mató al gato” pero es que por lo menos ese murió sabiendo. Que esa es otra, la mitad del mundo sabe todo y el único engañado como un guevón es uno. Y usted no alcanza a entender porque la cara de sufrimiento de los demás al tocar un tema especial, la gota bajando frente abajo o el color pálido en sus rostros, creo que esa situación es peor que la mentira misma.

Estamos rodeados de todo tipo de mentirosos, sobre todo en un país donde la mentira es el pan de cada día y la honestidad, la lealtad y la sinceridad; se extinguieron como los dinosaurios.

Están los mentirosos piadosos, aquellos que justifican las mentiras y que por lo general, se perdonan. Se supone que se dicen por un bien y todos los hemos hecho alguna vez. Haga de cuenta que le regalaron algo que avemaría para el personaje es una hermosura pero a usted no le gustó y se puede parar en las pestañas pero nunca lo va a usar, pues ¡tome su mentira piadosa! porque ¿cómo le herimos el sentimiento al otro si lo compró con mucho amor? Aunque vaya a saber si el otro también esta haciendo lo mismo con un presente que le fue entregado y lo odió. Y así con infinidad de situaciones que hacen que hagamos uso de ellas.

Hágame el hp favor el mentiroso intencionado o que tiene el vicio desde que nació y no ha podido dejarlo ni con tratamiento psicológico o aplicaciones de la terapia de Electroshock, ¡NO! porque de eso vive; del engaño, no es capaz de poner la cara, antes muerto que confeso. “Que me esculquen, que me sometan a la máquina de la verdad, pierdo todo pero me respetan, qué es esta calumnia, soy una persona digna”, pero esa dignidad se perdió hace mucho rato, solo que insiste en que está intacta.

De ahí el otro tipo de mentiroso, el que se autoengaña ¡Qué tristeza ome! Las mentiras que nos decimos a nosotros mismos, porque la única puta que no es fácil es la puta vida y ahí si nos cuesta aceptarla muchas veces; por eso mejor miéntase bebé para evitar el miedo a la incertidumbre y a salir de la zona de confort.

Prometo pero no te cumplo; ese mentiroso es una hermosura. Hace promesas rotas que se las lleva el viento como diría una famosa canción, es una especie de fracaso que mantiene un compromiso antes pactado, es decir, como una especie de contrato implícito que se firma pero que nunca se cumple. Entonces eso genera una esperancita que nunca llega y que el otro nunca paga, es un engaño muy verraco porque usted se queda esperando algo que nunca va a suceder y llórela mucho.

Y para ir finalizando, porque recordar no es vivir sino volver a emputarse y en esas estoy, recordando más de una mentira por la cual salió este post, están los mentirosos compulsivos y eso ya si es un big problem amigo. En este caso, yo te recomendaría buscar ayuda psiquiátrica o del más allá, porque no hay manera de pararlos.

La mentira es una bomba de tiempo muy peligrosa, pues usted no sabe cuándo va a caer y explotar en pedazos que lo salpican y lo dejan lleno de ira, indignación o con ganas de acabar hasta con el nido de la perra. Y si no tiene un par o unos buenos argumentos que puedan salvar su  reputación y demostrar que lo que dice es cierto, se lo llevó el que lo trajo, dícese el PUTAS y si va y lo deja caer, puede llorar porque en estos casos no habrá nadie quien lo recoja.

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