“Promete serle fiel”… Bla, bla, bla.

infidelidad

En este tiempo donde ya casi nada es tabú, meterse con un hombre casado no significa que ese que tenía que ser para usted, haya llegado tarde a su vida; sólo que se desvió del camino.  Tema peliagudo, lleno de opiniones y controversia. Mentes  cerradas, ciudad conservadora, jueces de doble moral y lluvia de críticas. La vida está llena de contradicciones, de oportunidades que a veces son difíciles de rechazar por X o Y motivo y los batacazos son inevitables, pero cada uno es consecuente con sus actos.

La verdad no sé qué tan bueno sea meterse con este espécimen, no lo tengo del todo claro. Aunque mucha gente piensa que no es correcto,  en mi opinión nadie está exento de dicha situación, que para más Inri por ser prohibida es mejor. Y no es ponerse en los zapatos del otro, ni vea ¿a usted le gustaría que le hicieran lo mismo? Ni darse látigo que da gusto; porque usted puede ser el más santo o la madre superiora – si es que cree que lo es – y le puede pasar  ¡Así de sencillo!

Y si le pasa, entonces se convierte en la “arpía roba maridos” y tiene que batallar con el rechazo de la familia, los amigos y la sociedad que despluma que da miedo.   Pero es que ni los famosos se salvan de esta “maldita” prohibición: Camilla Parker-Bowles y Angelina Jolie,  son perfectos ejemplos, mujeres que conquistaron a dos de los hombres casados más famosos del mundo, el príncipe Carlos de Inglaterra y el actor Brad Pitt. ¿Y? es que a veces no es el primero, a veces es el segundo amor el que mueve el piso y  da el revolcón.

Aunque la mayoría de las veces, estas relaciones no prosperan por que tienen más  obstáculos que una pista de atletismo,  ¡no se engañen!  Son muy comunes porque las mujeres ya no consideran prohibido meterse con un hombre casado. Y aunque algunas lloren, chillen o pataleen; con las ganas de equilibrar derechos, la sexualidad se vive de forma más libre y la infidelidad es una opción aceptable. Mejor dicho, es una relación paraíso-infierno.

También puede ser que no se busque  nada diferente a una relación clandestina con el kit completo: pasión, sexo y diversión;  sin embargo, en ocasiones una pinche aventurita puede convertirse en un romance serio. Aunque si usted ve que la cosa está chunga y el sujeto no quiere abandonar su zona de confort, no es recomendable porque  va a celebrar seguro las fechas importantes sola con su soledad,  jamás va a poder salir a loliar por ahí con él,  olvídese de los fines de semana,  ¡Llórela!  Y las llamadas, haga de cuenta que usted pertenece a la nómina del FBI. Y al que le gusta le sabe, pero la historia se repetirá siempre que intente estar con un hombre “ajeno”.

Pero yo me pregunto:  ¿De quién es la culpa? ¿Del man por no arreglar los problemas con Doña Señora? ¿Por casarse en bombas de fuego? ¿Por no aceptar a la persona con quien se casó? ¿Por haber cometido un error y no darse cuenta que no era la persona que amaba de verdad? ¿Por querer probar cosas distintas? ¿O de la “otra” por meterse con un hombre casado?

Y seguramente estos ejemplares no dejarán de ser encantadores, promisorios, caballeros y atentos, pero sobre todo:

C-A-S-A-D-O-S.

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Hasta que la otra nos separe (segunda parte)

En el capítulo anterior de “HASTA QUE LA OTRA NOS SEPARE”  quedamos en que la “Re-amiga” por casualidades de la vida y por qué no me pasa si no a mí, llegó a trabajar a mi oficina. Desde ese momento seríamos compañeras de labores y ex-novias del mismísimo macho alfa. Venía muy bien recomendada y para un buen cargo, digamos que de cierta manera sería mi segunda jefe. Lo curioso es que no sabía mi identidad, pero yo si sabía la de ella. Del recibimiento que le hicieron fui la  única que no participó y obvio ni le dirigía la palabra, es que la historia no estaba superada del todo.  Ahora me acuerdo y pienso: Mujeres, ¿pero por qué damos tanta lora?

Ella notó mi mala energía y que de alguna manera le estaba haciendo la vida a cuadritos sin saber por qué y queriendo aclarar esa duda le preguntó a un amigo en común que por supuesto sabía del triángulo amoroso.  El personaje le contó con pelos, señales y detalles quién era yo y la razón de mi actitud, a lo cual casi cae privada, primero porque “Que paseeee la otra” como cual programa de LAURA EN AMÉRICA, no sabía que el “desgraciado” jamás había terminado conmigo, nunca se lo hizo saber;  y segundo porque ¿cuál promesa estaba pagando para encontrarnos en un lugar remoto y compartir empleo? Ya había sido suficiente con compartir novio, ¡digo yo! Creo que solo quería que amaneciera para hablar conmigo, cosa que de hecho hizo apenas entró por la puerta.

_ Ana, hola, es que mirá yo necesito hablar con vos

_ Si ¿cómo para qué? Ahora no puedo, si querés más tarde

Y  llegó la hora. Nos sentamos a hablar de un tema que no valía la pena, pero como las mujeres no podemos quedarnos calladas con nada y el lema es sacar todo dizque  para que eso no se quede adentro porque se sufre más, da gastritis, somatizamos y se  nos sale la rabia en cuánta enfermedad existe; la depre, el desasosiego, la alergia, el colon… en fin, cositas varias que manejamos las féminas.

La conversación comenzó muy tranquila, pero esa bruja que llevamos por dentro salió y cuidando siempre mi “fino” vocabulario le dije unas cuantas cosas. Ella juraba que era otra víctima del “Galán de Pueblo”, pero cerrada en mis razones y con rabia acumulada, la puse en su sitio.

Y la relación quedó estrictamente en lo laboral. Pasados seis meses renuncié por una mejor oportunidad y jamás la volví a ver, hasta años después que me la encontré en un ascensor…

¡Plop!