¡Ya no entra!

asi-o-mas-de-malas - copia“Estudiar después de los 40 es como tener un hijo a los 60”, esa es mi frase célebre actual. Acabo de comenzar una Maestría a los 43 años ¿y qué quieren que les diga? Que es tener gemelos y con trabajo de parto de dos días.

Volver a coger los libros en la “mediana” edad tiene una serie de retos específicos, desde hacer malabares con las clases y un trabajo como el mío que quita más tiempo que un novio enamorado.  Y no es lo mismo hacerlo a los 19 y obtener un título luego de cinco años, eso “ya no entra” tan fácil (pues…el estudio). A esta edad ya usted no rinde igual, el cansancio se apodera de todo el cuerpo y la mente, hay que llegar a leer en la noche cuando sólo provoca estar metido entre las cobijas (arrunchada o no) pero con ganas de dormir. Habrá algunas, que no es mi caso gracias a Dios, que están casadas y con hijos y ahí si tienen que ser parte de la nómina del Circo del Sol, porque de otra manera no entiendo como hacen.

Es importante la mente y su agilidad si por mucho tiempo se ha dejado de estudiar, digamos que esa parte no ha sido tan dura porque cada día tengo que preparar clase para mis estudiantes universitarios y he tenido que volver a retomar conocimientos, pero un posgrado es a otro nivel. Cuando hice mis especializaciones era joven y bella, recién salidita de la “U” y eso era otra cosa, la última la cursé en el 2005, entonces calcule pues.

Los compañeros son de mi edad o algunos años menores (no muchos) y para mi es una ventaja porque decidieron estudiar y terminar con lo pendiente en sus vidas igual que yo; hay más responsabilidad y seriedad de alguna manera, pero eso de volverse a reunir para preparar exposiciones o ponerse de acuerdo para estudiar, es más fácil hacer gárgaras con arequipe.

El horario es duro, hágame el hp favor viernes en la noche y sábado todo el día. Me provoca darme látigo con el escapulario de espinas. Y muchos dirán: “Ay pero taampoooco”… Los he de ver malditos en esas cuando les toque. Una cosa era  pasar derecho estudiando cuando se tenían menos años o en algunos casos, empatar fiesta con clase de seis de la mañana que eso era nivel Dios; había energía y toda la actitud, ¡hágalo ahora! si no le da un infarto en plena clase, puede durar dos días sin levantarse de la cama.

Volver a pensar en hacer una tesis 19 años después de haberme graduado como comunicadora social-periodista, es una especie de promesa que estoy pagando sin saber porqué. Tenía muy claro que esa había sido la única y última, ¡pero no! pasa como con algunos ex novios con los que uno repite y como versa el famoso dicho: “Segundas partes nunca han sido buenas”.

Pero heme aquí trasnochando, leyendo los enemil documentos, pensando un tema de investigación, volviendo a recorrer pasillos de universidad, corriendo de un lado para otro, comprando cuaderno para tomar notas y sentándome nuevamente en una silla de aula académica. Pero también he de reconocer que aunque esto de retomar estudios es más duro que nalga de muñeco, estoy aprendiendo cantidades, engordando la hoja de vida y sobre todo, haciéndola porque con este nuevo título, tengo trabajo de docente pa´rato que es lo que me motiva.

 

 

 

 

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