“Bendiciones”

Después de un largo período sin escribir por varios motivos que me quitaban más tiempo que un novio intenso, aquí estoy de nuevo para hablar sobre un tema que me tiene altamente preocupada. He de aclarar que respeto mucho las creencias de los demás y la religión, cada uno verá a quien idolatra, en quién cree o a quien le reza, mi intención no es ofender a nadie aunque a veces mi sarcasmo me lleve a lo contrario, pero… ¿Me pueden explicar cuál es el viciecito de decir por todo “bendiciones”?

Es que decirlo me parece muy bien, gracias por la bendición impartida así quede uno más bendecido que al agua del bautizo y como dice mi hermana, la palabra tiene poder y hay gente que vive de la fe, pero que se convierta en la frase preferida de los hombres de ahora, eso sí me intranquiliza.  Lo viví en carne propia hace poco tiempo y no una sino dos veces que me parece excesivo, además, que me toque a mi por cansona con el tema, ya tiene mérito.

Conocí a alguien en un evento de la ciudad. Muy adorado él, muy de la casa y de parte aseada como dicen por ahí. Con cierto interés hacia mí soltó la jauría de perros y yo que andaba con cierta “tusa” encima, dícese de un despecho el hp, con dolor de alma, de corazón partío, que uno no sabe si dejarse crecer las venas o cortárselas; pues le paré bolas, le puse atención y le di la oportunidad.

Y así fue la historia: El susodicho salió por un volao y  me llevó a tomar la sabia decisión de alejarlo de mi vida. Y se preguntarán: ¿Pero Ana, porqué sos así? ¡Dejá de ser paridita! Paridito el vicio de estar mencionando a Dios todo el tiempo, es que les digo pues que más que saliendo con un man, me sentía con el párroco de la iglesia de la esquina y haga de cuenta como si practicara el sacramento de la confesión, de la confirmación y todos los demás, menos el del matrimonio.  ¡Ah no! Qué pena pero bien puedan y que les presenten a Sor Rita porque Santa Ana no soy. Está muy bien que me deseen el bien, que el señor se apiade de mi alma, que Cristo esté presente en mi corazón y de verdad yo se los agradezco, pero uno de salidita con alguien y que el otro le esté diciendo a uno todo el tiempo “Gloria a Dios” en vez de cómo estás de mamacita hoy,  te he pensado esta vida y la otra, vos si estás mejor que un bulto de gomitas de ositos rojos, o chao princesa, muñeca, mi amor, como le dé la gana de decirle; pero que las palabras de despedida y otras en general sean: “Bendiciones”, “Que Dios te bendiga”, “Que el Señor te lleve con bien”… no faltaba más.

Y yo me pregunto: ¿Acaso tengo cara de ser la más católica, la más piadosa, la más religiosa? ¡NO! No lo soy, creo en Dios, le oro a mi manera y aunque me siento bendecida, más no afortunada (por aquello del yate y el setentón), no es el estilo de hombre que quiero. Me alegro mucho por ustedes que los iluminó con todo su ser, que entró en sus vidas para catolizar a los demás, lo respeto y avemaría bendito sea el señor, pero hay muchas mujeres que necesitan más evangelización que yo.

Por eso… Yo los bendigo con amor y los libero de mi vida.

Amén.

 

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