Buses: Deporte extremo

Tarifas-transporte-MedellinEn un post anterior hablé sobre los taxistas, pues hoy le toca al gremio de los buseros, concretamente a los de #Medellín. Ciudad donde crecí, dejé por muchos años y regresé; pero donde todavía el subirme a un bus, me produce un no sé que en no sé dónde.

La escena es la siguiente:

Usted decide tomar el transporte público por varias razones, camina hasta el paradero con su pasajito en la mano y espera a ese hombre que la va  a transportar de la tierra al cielo, es una metáfora ¿listo? Pero que se convierte casi que en realidad porque uno ve el túnel prácticamente antes de llegar a su destino.

Espera pacientemente a que pase el que usted necesita. Pasó uno…No para porque el hp va por la izquierda y no por la derecha por donde debe ser. ¿Puede pasarse de un carril a otro como si fuera muy fácil? ¡NO! Entonces espere el segundo… No para porque va “tetiado” (dícese lleno) ¿Y usted cabe? ¡NO! Pues espere el tercero.  Y en ese si se puede subir gracias a Dios, llega tarde, pero ya coronó.

“Buenos días señor”. ¿Responde? ¡NO! Entonces siga derecho porque que más va a hacer, eso si, después de haberle restregado la mano con la suya para entregarle la devuelta; por lo general con monedas nuevas de 50 pesos que usted cree que le están devolviendo las del Monopolio o las famosas “cobijas”, unos hermosos billetes que parecen recién sacados de la lavadora con secado incluido. Y aquí hay algo muy importante que quisiera aclarar, o más bien dejarlo como consejo si quiere vivir en paz con el prójimo ese día: No pague con un billete de más de 10.000 COP, ¡ni se le ocurra! Y eso que con uno de diez ya está expuesto al peligro. Se los advertí.

¿Dónde me siento? Ay pues atrás que me queda cerca de la puerta. ¿Quién le dijo a usted que esa era la mejor decisión? ¡Diga! No falta si no subir y bajar las manos y gritar ¡Yujuuuuu! porque la montaña rusa de cualquier parque de diversiones americano es una güevonada al lado de eso. Usted brinca y no para de hacerlo hasta llegar a su destino porque el señor conductor, valga la redundancia, conduce como si llevara ganado y se pasa resaltos, semáforos en rojo y hasta compite con los colegas, ¡hágame el hp favor! Eso sin contar los frenones que por nada usted queda reemplazando al chófer, no exagero, si no se agarra bien, sale disparadito desde atrás en voladora y allá va a dar.  Lo dice la voz de la experiencia.

Y si era ateo se convirtió y vuelve al redil, porque mínimo dos rosarios en bombas de fuego alcanza a rezar mientras se baja. Ve la luz, se le pasa la vida como una película y hasta deshace los pasos. No entiendo cómo se puede conducir de esa manera tan brutal en una ciudad donde una “autopista” tiene dos carriles, los semáforos funcionan un día sí y el otro no, los peatones se pasan corriendo las calles e infinidad de situaciones que son surrealistas. Obvio, la gente que vive en países como el mío (Colombia) lo sabe, no se puede comparar con otras ciudades del mundo que en cultura ciudadana nos llevan lustros.

Bueno, ¿dónde íbamos? ah sí… ya me voy a bajar porque estoy llegando. ¡Qué risa! ¿Qué se quiere qué? ¡BAJAR! Pues hay varias posibilidades de poderlo hacer sin que pierda la vida:

Que el timbre funcione y el conductor pare donde debe ser, porque en un caso “hipotético” que no sirva se puede pasar gritando varios minutos: “Señooorrrr pareeeee, éste me va a llevar hasta la casa de él pues”. Le oyó y le paró cinco calles después, bueno se camina, pero tírese de ese bus como pueda antes de que arranque sin usted haberlo hecho.

Que por mala leche le haya oído pero no le da la gana de parar donde es porque va por la izquierda; quién lo creyera pero hay gente así. Entonces usted se pega de ese timbre o a darle con lo que sea a la varilla de metal de donde va sujetado a ver si le oye, eso si en coro no le ayudan antes los demás pasajeros: “Seññooorrrr, que pare y por favor abra la puertaaaa”.

Última situación: Le oyó, va por la derecha y estaciona en el paradero, pero usted va más encartado que un mueco abriendo un bolis y no se alcanzó a tirar, porque uno no se baja de ahí, ¡uno se tira! Este arranca porque no le dan ni una gavelita pues de descender como Dios manda y lleve su totazo porque se fue de narices al suelo. ¿Y qué hace tan digno profesional del volante? ¡NADA! Arranca again, si te he visto no me acuerdo y sigue su ruta.

Y para más descaro, en cada vehículo hay un letrero que dice ¿Cómo conduzco? Llame al número tal y quéjese. ¿Pues cómo van a conducir? Como el mismísimo FOLLELLI (dícese de la parte baja donde la espalda pierde su casto nombre).

 

 

 

 

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