Aunque la mona se vista de seda…

imagesSegún varios diccionarios consultados aquí por la autora, la palabra «glamur» se utiliza habitualmente en la moda para designar las características atractivas de la forma de vestir, el estilo y la belleza individual; marcando la perfección, la vanidad, la exuberancia, la atracción sexual y demás aspectos que son atribuidos por los medios de comunicación y el resto de los mortales.  Si todos lo entienden así, no lo sé, pero lo que si hay que aclarar, es que es muy diferente a la elegancia; algo de lo que usted es propietario absoluto.

Tema banal que trato hoy porque hace algunos días hablaban de ciertas figuras públicas con las cuales entré en shock y debía desahogarme. Sé perfectamente que es un tema polémico, pero como siempre lo he dicho: este es mi espacio para opinar. Obvio sin el ánimo de ofender a nadie, pero me dicen con la mano en el corazón que tienen de glamur ¿Lady Gaga, Kym Kardashian o sin irnos más lejos, la queridísima Marbelle?  Entre otras, que no provocan sino darse látigo, sin contar al género masculino que también hay cada espécimen que hágame el favor.

Este adjetivo que suena a “crema y nata”; nace, crece y se reproduce por el juicio de la sociedad. Resulta siendo algo que se puede comprar si se tiene una buena cantidad de dinero, se pueden adquirir entradas para un espectáculo glamuroso -dícese fiesta exclusiva o club social- irse de compras por los mejores almacenes de la ciudad sin tener un ápice de sentido de la moda y aún así, comprar el ajuar entero combine o no, entrar los hijos al colegio más reconocido porque ahí están los niños de… y así en infinidad de situaciones; pero lo que nunca se puede comprar es la distinción o “garbo” como decían las abuelitas.

Y lo que para muchos puede ser glamuroso, para mí no lo es. ¿Será que no nací con ese sentido del estilo? ¿Será que el aborrecimiento por lo ordinario me supera? ¿O será qué mis principios divinos no me lo permiten? Tengo varios ejemplos que quisiera compartir con ustedes mis queridos lectores, que estén de acuerdo o no, para nada afecta esta relación 😉 ¡Para gustos los colores!

Lentes oscuros: Dícese para el sol, no se usan en todos los lugares habidos y por haber. ¡Sí! utilizarlos es de un “chic” subido, usted se ve hermosa (o) y con clase, pero son para exteriores ¿listo? No para interiores tipo aviones, salones de clase, cayendo ya la noche, discotecas y sitios varios. A menos que esté operada (o) de miopía, cataratas o tenga conjuntivitis, eso ya es otra cosa.

Amigas cuchi-barbies: ¿Tan amables y se visten de acuerdo a su edad? Para algunas mujeres la frase “envejecer con dignidad” no existe, puede ser difícil aceptarlo pero no hay de otra, hagamos entonces el esfuercito para no parecer adolescentes tardías. ¡Gracias, muy amables! Y aquí encaja perfectamente el “Animal Print”, aquella moda sexy, salvaje y con personalidad, pero que debemos aprender a usar en la medida justa. Este estilo  puede verse elegante y sofisticado si está bien combinado, pero también nefasto y vulgar si se abusa de él; porque una cosa es simular parte de y otra muy distinta es creerse el mismísimo animalito dueño de la piel.

La marca con la marca, más la marca no combina. ¿Habrá algo más de tan mal gusto que la camisetica Coco Chanel con el cinturón Coco Chanel, a juego con el bolso Coco Chanel más el zapato Coco Chanel? ¿O la Dolce & Gabbana (que me parece horrorosa),  en un hombre conjuntado de la misma manera? Es decir, en este caso, usted es prácticamente un logo andante.

¿Quién dijo que las uñas mientras más largas y decoradas más glamurosas? Quién fue para ir condenándolo ¡pero YA!  Deben estar siempre bien arregladas, pintadas apropiadamente, mientras más sobrio el manicure más bonito luce; de resto va a parecer un koala con ganas de treparse al primer árbol que encuentre.

Para ir finalizando, hay algo que deben saber porque va siendo hora de revelar el secreto. Sé que a algunas les dará muy duro y será difícil de superar, pero resulta que… ¡Los leggins no son pantalones! A ver, ¿Tiene usted cuerpo para ponérselo sin que quede forrada y parezca que va a explotar? ¿Le queda bien con una camisa más corta que éste? ¿Se ve como la hija mayor de Michelin? Hay que ser sinceras y aceptar que se tiene y que no, con que nos vemos bien y con que no.  Hay un objeto maravilloso que se llama “espejo” y ese -a diferencia de los hombres y las vendedoras de almacén de ropa- no le miente.

Y tantas cosas, situaciones, personajes, decoraciones, etc., que me ponen los nervios de punta, se asocian con el glamur. Un concepto tan vario-pinto que a veces toca aceptarlo para no tener problemas con más de un personaje que es mejor llevarse por las buenas. Pero así es la moda, los gustos y la sociedad en que vivimos, llena de “glamurosos” a los que nunca podré entender.

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