Bruno y el argentino

En un post anterior conté mi odisea de judía errante por diferentes apartamentos de Medellín y como era de esperarse, me volví a mudar. Ahora estoy en un apartaestudio que me encanta y vivo feliz, disfruto mucho mi espacio, el lugar es cercano a todo y puedo hacer las caminatas que tanto me gustan. Hay ruido sí, pero tolerable y la diferencia con las dos anteriores propiedades, es abismal. Me gusta todo de este lugar, sus zonas sociales, los alrededores, la distribución de mi casa y como no; el vecino.

Mi balcón queda justo al lado del suyo, no nos separa casi nada y me lo encuentro cantidad de veces, cuando en la vida en un edificio poco o nada, he visto a los vecinos gracias a Dios, porque me da tanta pereza que prefiero bajar 500 escaleras que encontrármelos en el ascensor y demás; y no porque sea una asocial, de eso nada, simplemente a estas alturas de mi vida le huyo a la diplomacia, eso es para las embajadas, no para mí. Y hay días que no quiero saludar ni me interesa sonreír, así de sencillo primores.

En fin, que la historia con el guapo del lado es de las típicas mías, al principio pensé que era gay y vivía con su pareja, pero para mi suerte descubrí que no. ¿Y de dónde saqué esa información errada? “una” que siempre se empelicula y piensa lo que no es. Pero a ver, díganme ustedes si esto que les voy a contar a continuación no daba para pensarlo.

Día de mi mudanza, la puerta del apartamento de par en par mientras entraban los enseres y de la nada entra un perro como Pedro por su casa, sin tocar, sin avisar y a rastrear el lugar de punta a punta… y yo, que puedo morir de amor por ellos, lo dejé y hasta le dije que podíamos compartir si quería. Pero detrás del perro entró el que yo pensaba era el dueño, un argentino con más ojos que una piña, un bombón que hágame el hp favor, pero más mala leche que cualquiera.

– “Bruno fuera, vámonos de aquí”

– Dejálo, tranquilo, yo no tengo problema.

– ¡NO! Es que me están esperando, adiós.

Ay bebé, chao, que le vamos a hacer… y fuera de mi casa maldito mala clase. Y después preguntan por qué “una” a veces es tan parida con la gente, es que no colaboran.

Bajé a la portería con los del trasteo para despedirlos y pagarles por tan magno servicio y al volver, veo al mismo perro de la mano de otro ser maravilloso, igual o más bizcocho que el anterior, barbado, alto, de dientes perfectos y de nacionalidad argentina again, porque al saludar a Bruno otra vez, este si fue amable y el acento lo identifiqué de ipsofacto. ¿Pero qué pensé? Pues que el otro y este eran novios, vivían juntos y compartían la custodia del can.

Días después volví a verlo con ese perro que es una hermosura como él, tan alegre y querido me dice: “Ah eres la vecina nueva, bienvenida” y de ahí en adelante en la piscina, en el gimnasio, en la portería, en el ascensor, en el pasillo… estoy que le digo que abramos un boquete entre los dos apartamentos para que todo sea más fácil.

Y para mi suerte comprobé que no es gay, (pero no personalmente) a través de otras situaciones, que no es pareja del otro, que vive solo con Bruno, que está más bueno que un bulto de gomitas de ositos rojos y que espero seguir siendo su vecina del lado por muchos años más.

 

 

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La cerradura

Por fin pudimos ir a la finca que tiene alquilada mi hermana en Guatapé, municipio turístico al este de Medellín famoso por sus casas decoradas con bajorrelieves de colores y cerca del embalse artificial del Peñol, un centro de deportes acuáticos muy concurrido, donde los fines de semana no le cabe ni un alfiler porque está repleto de turistas tanto nacionales como internacionales; pero la casita queda en las afueras del pueblo gracias a todos los santos misericordiosos, porque a estas alturas de mi vida no me aguanto ningún tipo de tumulto ni me soporto muchas cosas de la gente y es tan horrible, que siento una dicha inmensa.

Después de preparar la ida muchas veces, porque es costumbre en Colombia aquellas típicas frases “Sí, tenemos que ir”, “Claro, ¿Cuándo vamos?” lo que significa puede llorar porque no vamos a ir, te carameleo pero olvídate baby porque no contarás con mi presencia; pues se hizo el milagro y se armó el paseo, ¡Empaque pues que nos vamos!

Los asistentes: Varios amigos, entre ellos una pareja de esposos que quiero con todo mi corazón y que a la doña señora la conozco hace más de 20 años, calcule pues el grado de amistad. El resto, también muy cercanos y obvio, de mis afectos.

La finca: Una casa tipo campesina pero con todo lo necesario. Una cocina antigua en las afueras de la casa lo mismo que el baño, que usted la piensa si en medio de la noche sus necesidades fisiológicas lo atacan. Tres habitaciones, pero una de ellas no ocupable porque la mitad de los utensilios para cocinar se encuentran allí incluida la nevera; en las otras dos, cama doble más camarotes. Está rodeada de mucho verde, una pequeña quebrada, vacas por donde usted mire e infinidad de bichos característicos del sector, menos lagartijas que no vi ni una porque este post no lo estaría escribiendo, solo un sapo grande verdoso que se coló en el corredor y fue el causante de los problemas que prosiguieron.

Tan amables cierran las puertas de las habitaciones para que el sapo y toda su prole no invada nuestro espacio y no nos toque a nosotros dormir afuera ¡Gracias! Y así fue, ubicamos el llavero que contenía unas 50 llaves de cada portón, cada ventana, cada cajón, cada closet… para poder cerrar; y esa argolla llena de instrumentos para abrir cerraduras era una guevonadita al lado del de la película “Los Otros” de Nicole Kidman, pero aun así, fuimos capaces de abrir todo después de casi dos horas de intentarlo.

Cerramos cada una de ellas y todas nuestras pertenencias quedaron adentro. Escuchamos música mientras conversamos y cenamos fondue, comida típica de Suiza que consiste en sumergir con un pincho pequeñas piezas de alimentos en líquidos calientes como aceite, queso derretido o chocolate en una pequeña olla de hierro fundido, ¡imagínense la elegancia! Vacas, monte y bichos, pero que no se pierda el glamour, hasta que nos venció el sueño.

Bueno mis queridos comensales, cada uno pa´su pieza, escoja cama, cobija y doble almohada en mi caso, para poder caer en los brazos de Morfeo. La pareja matrimonial, obvio había escogido el lecho conyugal que se encontraba en la última habitación, una bastante grande diría yo en la que descansarían perfectamente y podrían estar tranquilos porque en la otra cabíamos los demás.  Abrimos la nuestra y luego la de ellos… ¿Abrir qué? Si la cerradura no abría, no había poder humano, ninguna llave le servía, ni tratándola con fuerza ni haciéndole con cariño, ¡NADA! pero tranquilidad que esto lo solucionamos como sea, ¡Sí! ¿cómo? si las ventanas tenían rejas y la puerta no contaba sino con una pequeña abertura en la parte superior.

¡Tocó dañar la cerradura! dejé y verá que eso es muy fácil, más fácil arrodillar una gallina pues que quitar esa chapa; ni para un lado ni para el otro, ni dándole con martillo ni destornillándola, hasta que por fin cedió y ahí si se jodió del todo. Súbase usted en esa silla, tome un palo, métalo por la ventanita que tiene la puerta arriba y yo desde la otra ventana le voy avisando como va: “Más arriba, a la derecha, nooo para el otro lado, ya casi, ya casi, ahh no ya se volvió a salir” y así como 20 minutos hasta que decidimos tumbar la puerta.

Hemos visto muchos programas policíacos en nuestra vida porque pensamos que la tumbaríamos como hace el equipo SWAT cuando interviene en una vivienda  a las malas, pero resulta que ninguno era policía, había de todas las profesiones menos esa, pero lo intentamos. A ver Ana, usted y “Tales” cogen esa banca de madera que hay afuera, tómenla cada uno por un lado como si fuera un ariete (arma originada en épocas antiguas, usada para romper las puertas o paredes fuertes) y empiecen a darle con un buen ritmo para poderla tumbar. Yo no llevaba si no dos intentos y ya me quería morir, además esa puerta era como el Muro de Hielo de la serie Game of Thrones, no lo tumbaba ni el putas.

Y después de una hora de intentos, de cansancio, de idear maneras para solucionar el problema, de estar caídos de sueño y de no poder abrirla de ninguna manera, decidimos que lo mejor era llamar a un cerrajero… un sábado casi a las 01:00 a.m. pero ¡Ah! Había que intentarlo y lo peor de todo es que ¡contestó! “Claro, con mucho gusto yo voy, pero mañana temprano”, seguro andaba de juerga y nosotros embalados ¡No hay derecho!

¿Qué hacemos? Echen todos para la única habitación libre que queda, en todas las camas, arrunchados, los otros dos sin pijama y sin poder lavarse los dientes porque todo había quedado adentro y traten de descansar como puedan porque el marido de la mismísima gran amiga roncaba como tractomula averiada.  ¿Así o más de malas?

“Cesó la horrible noche” como versa una de las estrofas de nuestro Himno Nacional y buenos días para todos, vamos a llamar al cerrajero nuevamente. Y en menos de 20 minutos, un domingo muy 08:00 a.m. estaba cambiando la cerradura como si nada, facilito facilito y aquí está la llave nueva y ya pueden entrar.

No dormimos nada, pasamos la noche como sardinas enlatadas, yo me levanté molida de los brazos de darle a esa puerta como la Teniente O´Neill, se fue un buen dinero en el arreglo de la cerradura, pero que felicidad que pudimos ir a la finquita de Guatapé a la que llevamos tratando de ir hacía un año.

 

 

Roble Oscuro

Y yo, que después de un post anterior titulado “Agarre sus corotos que vuelve y se va”pensaba que no volvería a mudarme de casa, aquí estoy nuevamente para contar mi última odisea como judía errante.

Después haber vivido cinco años en un apartamento como Dios manda, situado en uno de los mejores barrios de la ciudad, con todos los juguetes,  bonito, lleno de buena energía y un excelente precio por los lazos familiares que me unían con el dueño de éste; me tocó entregarlo y volver a arrancar a buscar donde vivir. En este caso estamos hablando de la décima casa en nueve años de estar viviendo nuevamente en Colombia.

Puye el burro porque debía buscar mi nueva morada en tan solo quince días, ¡hágame el hp favor! Y claro, con un presupuesto no muy alto porque recibir un sueldo que da para vivir con lo justo no es garantía, aun así, conseguí uno en el mismo barrio “play”, pero que si hubiera sabido donde iría  a caer este globo, desisto de mis aspiraciones y pido morada en cualquier casa de vecino.

Después de haber buscado mucho y con el desespero a cuestas,  me decidí por uno que el asesor de la agencia casi me lo vende y yo casi lo compro, en un solo bloque porque nunca me han gustado las urbanizaciones por aquello de los mil vecinos, los mil niños, los mil chismosos, la piscina mancomunada, etc. Era un séptimo piso, la ventana daba a una zona protegida, dícese una selva con quebrada incluida, llena de variopintos animales, una “tranquilidad” increíble y de fácil ubicación. El edificio se llamaba Roble Claro, pero por mis amargas experiencias vividas allí, por eso este post se llama Roble Oscuro.

¡Sí, lo quiero! Dije como a una propuesta de matrimonio, que en este caso no sería yo porque le huyo a tan digno sacramento, pero digamos que es un buen ejemplo. Mi afán era tal que decidí que ese debía ser el lugar aunque fuera la casita de la Barbie, porque tenía 35 metros cuadrados y no cabía sino lo justo. Usted entraba y a la derecha encontraba un armario donde iba la lavadora, que servía además de extendedero y al lado estaba el calentador de agua que desde que me mudé no servía para un follelli (dícese del lugar donde la espalda pierde su casto nombre).  La ropa se demoraba tres días para secarse y encima quedaba oliendo a húmedo, algo que puedo odiar con todas las fuerzas de mi alma.  Enfrente se encontraba la cocina, a un paso el baño con una mini ventana y después un solo espacio para poner la cama. El ventanal de lado a lado, dos closets uno en frente del otro y pare de contar.

Y como en el que vivía anteriormente era amoblado, pues calcule que no tenía si no la ropita y una mesa de vidrio que había comprado hacía unos años e iba conmigo a todas partes. ¿Y dónde voy a dormir? ¿Y con qué cubiertos voy a comer? ¿Y en qué me voy a sentar? ¿Y en qué voy a lavar? ¿Y dónde refrigero la comida? ¿Y de dónde saco la plata para amoblar? No ve pues que con solo lo que vale el formulario para el estudio del crédito, porque debe ser apto para asumir esa responsabilidad de pagar y el porcentaje que le quita la agencia por la gestión el primer mes de arriendo, usted ya quedó literalmente, tirado en la sucia carretera, sin un peso en el bolsillo.

¿Pero y entonces para que están las amigas? Vea amiguis, voy a remodelar la casa, ¿le sirve esta vajilla, esta mesa, este televisor, estos cuadros, estos adornos y este sofá cama para que duerma mientras compra un cambuche para dormir? ¡Obviooo sí! ¿Cuándo paso a recoger los corotos? Y la familia, esa que aunque usted esté en la inmunda no lo abandona nunca, pues mi hermana, la que me salva cada rato de situaciones variopintas ¿pues cómprese una mini nevera, total, para ese espacio tan pequeño apenas es! Yo le regalo la mitad de lo que vale. ¿Y uno qué dice? Pues que sí. Y así tuve mi minibar, al que no le cabía sino una caja de huevos, un frasco de jugo, dos paquetes de arepas, un queso y unas pocas verduras. ¿Lavadora? Ah no mona, ahora no hay forma y lavaba los domingos en la casa de mi santa madre, salía con mi bolsa llena de ropa más encartada que un mueco con un bolis, pero por lo menos tenía que ponerme y limpia.  Y así con infinidad de objetos del hogar mientras me iba haciendo a mis cositas.

Digamos que estaba medio instalada y viviendo en condiciones normales, pero empezó Cristo a padecer el pimer viernes después de haberme mudado porque el vecino del piso de arriba, que acabó con el ser de luz que yo era, con la poca paciencia que me quedaba y la tolerancia; puso la música  a todo taco de 4:00 a 11:00 p.m., horario permitido en este país,  pero que es mejor unirse  a la fiesta que mandarlo a callar.   Y así sucesivamente todos los jueves, viernes o sábados, donde retumbaba en las paredes de mi humilde hogar y que ni con tapones o audífonos se dejaba de oír. Quería enloquecer, darme látigo con espinas incluidas o rodar escaleras abajo, además pisaba duro, se le caía todo, hacía ruido a más no poder y ni les cuento como era en la intimidad y obvio no conmigo.

Pero esa no era la única joya, el de enfrente fumaba marihuana desde que se levantaba hasta que se acostaba, ah y muy bueno pa´el que andaba tan bacaniao, que se fume todo lo que quiera pero con la puerta cerrada. La vecina del lado tenía dizque un “cascabel” por aquello de las buenas energías, pero ¡mentira!, eso era un cencerro, abría y cerraba el día entero y el tilin, talán, tolón, era insoportable. Y ustedes dirán ¿pero no soportás es nada mi querida Ana, podrías ser más tolerante? Y juro que hice el esfuerzo, pero estoy segura que si hubiera sido el inquilino cualquiera de ustedes, acaban con el edificio entero.

A eso hay que sumarle que las bolsas para la basura (negras, verdes y transparentes) que repartía la administracion mensualmente y se dejaban en la puerta de cada apartamento desaparecían mes por medio, es decir, un mes tenía y otro no. ¿Qué pasaba? Vaya usted a saber… ¿Y Los olores? Esos aromas a cebolla con tomate, ajo y demás especias que se filtraban por el baño de las cocinas contiguas no tenían precio. Y yo, maniática de los aromas sufría imparablemente y no se que era peor; si dejar el ambiente natural o mezclar perfume, con antiolores y fósforo ventiado.

Pero lo que más llegó a acabar con mi salud mental fueron las minilagartijas cafés, esos seres de la naturaleza a los que les tengo la fobia más grande, que paralizan mi corazón y no de amor, que me provocan crisis de ansiedad y locura; entraban por todas partes sin pedir permiso. Eran una epidemia, salía del baño y ya había una muy oronda mirándome fijamente desde la cocina, salía de la cocina y había una parqueada en la ventana, cerraba la ventana y había una en el closet explayada, cerraba el closet y se estaba metiendo otra por debajo de la puerta y así por todas partes sin respetar. Y no se sabía cual sufría más, si ellas o yo con el escándalo montado. Hasta que decidí que debía vivir en un bunker, sellar las dos únicas ventanas que tenía el miniapartamento y casi vivir asfixiada sin un solo ápice de aire que me permitiera respirar. Y dicho y hecho, selladas con cinta para embalar nunca más se volvió a entrar ninguna, pero eso sí, vivia en la más completa humedad, muerta de calor y en una burbuja que me desesperaba cada día pero el miedo me podía más.

¿Y qué como vivía? Con un temperamento de los mil demonios, irascible, intolerante, odiaba llegar a mi casa, me provocaba acabar con cuanto vecino me encontraba en el ascensor y quería salir corriendo de un sitio donde tenía un contrato de un año y apenas llevaba tres meses, solo les digo pues que donde hubiera tenido que cumplir ese tiempo no cuento la historia, así de sencillo. Y obvio todo ese encierro tenía que hacer mella en mi salud, además porque los hijos de su chingada madre de la agencia me dejaron tres meses con el calentador de agua averiado, agua fría fue la que volié durante mucho: meta un pie, luego el otro, esquive con la espalda el chorro, ponga la cabeza de lado y baño de gato mija porque no daba pa´más. Y esa mezcla de humedad y duchas a baja temperatura hicieron que mi nariz tuviera ciertos problemas, problemas que aproveché para que mi médico de cabecera me hiciera una excusa que decía que si no me iba de ese apartamento, practicamente perdía el órgano del olfato. Y eso fue lo que salvó mi vida y mi salud mental, hablé con el encargado, le hice llegar todos los documentos médicos y muy amables me acaban el contrato a los seis meses y no al año porque si no se van de demanda.

¡Soy libre hp! Se puede ir a los seis meses bien pueda, haga usted de cuenta que estuviera cumpliendo una condena y ya iba a salir casisito. Como cual rea tachaba los días y contaba las horas, empaqué mis pertenencias con un mes de anticipación y las cajas estaban pegadas de la puerta para salir en el momento preciso. Y así fue, lo entregué el 27 de diciembre del 2018, pagué hasta el último peso de lo que fuera a quedar por ahí pendiente porque no quiero volver a saber de la agencia, del edificio y sus habitantes.

Y empecé a buscar otra vez donde vivir, sería ya la casa número once. Muy enfocada en encontrar la indicada pero es muy difícil, creo y siento que debo vivir en el monte en una cabaña aislada y sin vecinos porque no soporto la tirada de puertas, los inquilinos gritones, los que hacen ruido por todo, los taconeos a primera y última hora del día y demás maricaditas varias. Dirán ustedes “Estás muy cansona y no soportás es nada” y sí, tienen toda la razón, no soporto es nada. Amo el silencio, no quiero vivir más en comunidad de vecinos, quiero estar en el campo rodeada de vacas, perros, gatos, animales de monte y tranquilidad. ¡Qué vea que allá si hay lagartigas! Me importa más la evolución del rábano, prefiero mil veces compartir con ellas que con cualquier inquilino o habitante de la casa del lado.

Ahora vivo en otro apartamento más grande y con más comodidades, pero lleno de gente a los lados otra vez y así será por un año más que dura el contrato de arrendamiento, ¡si lo soporto! porque tengo una obra al lado que está acabando con mi salud física y mental, perfectamente por la cercanía podría ser la capataz o pasarles uno a uno los adobes a los obreros ¿Qué por qué lo arrendé con ese problema? porque cuando visité el lugar era hora de almuerzo y no estaba ni Dios que se supone está en todas partes; y al preguntar a la dueña la explicación fue otra muy diferente, la gente que es así en este país “el vivo vive del bobo” y en este caso la segunda fui yo. Creo que pronto habrá otra mudanza y esta vez, espero, que sea pal monte para vivir en medio de la naturaleza.

 

 

 

 

 

El pinocherío

“Una mentira es una declaración realizada por alguien que sabe, cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, de forma que se oculte la realidad en forma parcial o total”.​

Toda mi vida desde que tengo uso de razón, he odiado las mentiras, aunque eso no quiere decir que en algún momento no las haya dicho por necesidad o por salvarme el pellejo. Es que usted puede echar mano de ellas cuando sean útiles, las que se utilizan para conseguir algo “benevolente” y las que son fruto de una exageración que no lo deje muy mal parado, pero siempre y cuando eso no cree una bola de nieve o hiera corazones que es lo más común.

Soy muy directa y voy siempre a la yugular, me gustan las cosas de frente y sin tapaos; porque es mejor sufrir al instante y no morir engañada. Amo la sabia frase: “La curiosidad mató al gato” pero es que por lo menos ese murió sabiendo. Que esa es otra, la mitad del mundo sabe todo y el único engañado como un guevón es uno. Y usted no alcanza a entender porque la cara de sufrimiento de los demás al tocar un tema especial, la gota bajando frente abajo o el color pálido en sus rostros, creo que esa situación es peor que la mentira misma.

Estamos rodeados de todo tipo de mentirosos, sobre todo en un país donde la mentira es el pan de cada día y la honestidad, la lealtad y la sinceridad; se extinguieron como los dinosaurios.

Están los mentirosos piadosos, aquellos que justifican las mentiras y que por lo general, se perdonan. Se supone que se dicen por un bien y todos los hemos hecho alguna vez. Haga de cuenta que le regalaron algo que avemaría para el personaje es una hermosura pero a usted no le gustó y se puede parar en las pestañas pero nunca lo va a usar, pues ¡tome su mentira piadosa! porque ¿cómo le herimos el sentimiento al otro si lo compró con mucho amor? Aunque vaya a saber si el otro también esta haciendo lo mismo con un presente que le fue entregado y lo odió. Y así con infinidad de situaciones que hacen que hagamos uso de ellas.

Hágame el hp favor el mentiroso intencionado o que tiene el vicio desde que nació y no ha podido dejarlo ni con tratamiento psicológico o aplicaciones de la terapia de Electroshock, ¡NO! porque de eso vive; del engaño, no es capaz de poner la cara, antes muerto que confeso. “Que me esculquen, que me sometan a la máquina de la verdad, pierdo todo pero me respetan, qué es esta calumnia, soy una persona digna”, pero esa dignidad se perdió hace mucho rato, solo que insiste en que está intacta.

De ahí el otro tipo de mentiroso, el que se autoengaña ¡Qué tristeza ome! Las mentiras que nos decimos a nosotros mismos, porque la única puta que no es fácil es la puta vida y ahí si nos cuesta aceptarla muchas veces; por eso mejor miéntase bebé para evitar el miedo a la incertidumbre y a salir de la zona de confort.

Prometo pero no te cumplo; ese mentiroso es una hermosura. Hace promesas rotas que se las lleva el viento como diría una famosa canción, es una especie de fracaso que mantiene un compromiso antes pactado, es decir, como una especie de contrato implícito que se firma pero que nunca se cumple. Entonces eso genera una esperancita que nunca llega y que el otro nunca paga, es un engaño muy verraco porque usted se queda esperando algo que nunca va a suceder y llórela mucho.

Y para ir finalizando, porque recordar no es vivir sino volver a emputarse y en esas estoy, recordando más de una mentira por la cual salió este post, están los mentirosos compulsivos y eso ya si es un big problem amigo. En este caso, yo te recomendaría buscar ayuda psiquiátrica o del más allá, porque no hay manera de pararlos.

La mentira es una bomba de tiempo muy peligrosa, pues usted no sabe cuándo va a caer y explotar en pedazos que lo salpican y lo dejan lleno de ira, indignación o con ganas de acabar hasta con el nido de la perra. Y si no tiene un par o unos buenos argumentos que puedan salvar su  reputación y demostrar que lo que dice es cierto, se lo llevó el que lo trajo, dícese el PUTAS y si va y lo deja caer, puede llorar porque en estos casos no habrá nadie quien lo recoja.

Sin remitente

Yo, que nunca he sido muy amante de los regalos sin remitente, porque no me gustan los secretos ni que me quieran a escondidas, recibí uno sin esperarlo y en el lugar menos indicado. Además, parta de que soy bajo perfil y la mayoría de las cosas me gustan sin alborotos y lo más normalito posible.

Como varios de mis lectores saben, aparte de ser periodista dicto clases en una universidad de la ciudad donde imparto algunos cursos a más de un centenar de estudiantes, llevo varios años allí y por ende, la mayoría me conocen puesto que a muchos les he dado clase desde el primer semestre. Me gusta tener una buena relación con ellos pero siempre con respeto y desde esa delgada línea entre profesor y alumno que pienso no debe romperse. Muchos dicen que soy “cuchilla” y que no tengo corazón, por el contrario, otros, si bien reconocen lo exigente que soy, creen que si tengo sentimientos; sentimientos que afloraron el día que recibí un regalo inesperado en plena cafetería del lugar.

Tenía clase muy temprano, solía llegar antes para desayunar tranquilamente e irme luego al salón. Como todos los jueves, me senté sola en una de las mesas del restaurante a comer y a revisar notas. Después de diez minutos de estar ahí, se me acercó un señor que jamás en la vida había visto, llevo tiempo trabajando en la U y conozco a casi todo el personal que allí labora. Estaba merodeando y haciéndole preguntas a los empleados de la cafetería y señalándome, por lo que pensé: ¿Este quién será, de donde habrá salido? ¡Qué querrá por Dios! ¿Será el padre de algún estudiante que perdió la asignatura y viene a reclamarme, a decirme cuántas son cinco, a qué le devuelva la platica o la dignidad de su hijo(a)? ¡Ilumíname señor, devélame su identidad!

Y más nerviosa me puse cuándo en un tono serio me preguntó: ¿Es usted la profe Ana? (Con apellido incluido), un apellido que no es muy común en esta ciudad y que solo lo tengo yo en el sitio donde trabajo. ¡Aquí fue! Morí sin poder despedirme de nadie, me van a llevar presa seguramente por alguna equivocación, (pero si yo no he hecho ningún daño por ahí que me acuerde…), ¿quién habrá perdido más de un curso conmigo? Yo no debo ni un solo peso, ¿será que fue alguno que sin querer le dije la cruda verdad en la cara y no lo soportó? ¡Qué angustia!

¡Sí, soy yo! Respondí valientemente dispuesta a todo, ¿Qué necesita? A lo cual respondió:

– Ah profe, es que hay un regalo para usted: ¡Un desayuno!

– ¿Cómo así? Yo ya desayuné. Usted debe estar equivocado

– ¡No! ¿Es usted Ana tal? Se lo pregunto por segunda vez

– Sí, la misma que viste y calza

– Pues sí es para usted, ya comprobé su identidad e inmediatamente se lo traigo

¡Trágame tierra! ¿Por qué para mi, en una cafetería universitaria, donde la mitad de la gente me conoce y sin saber quién es el remitente?

Y en menos de un minuto apareció nuevamente el personaje con una bandeja de madera tipo mesita, llena de flores (que por cierto no me gustan) porque me huelen a cementerio y se marchitan muy rápido; pero sí debo decir que eran muy bonitas: unos girasoles muy amarillos ellos y un par de rosas acabadas de cultivar porque muy rozagantes si estaban. Y parece ser que el admirador o admiradora, porque en esta época cualquiera se puede enamorar de usted, pensará que soy fitness porque estaba llena de una alimentación muy saludable: barras de cereal, yogurth y frutas, bueno, también era un desayuno, ¡digo yo! pero ni un solo postrecito o chocolatico con lo que me gustan.  Y la cereza del pastel: Un león de peluche muy sonriente que al hundirle el estómago rugía, que como las flores, tampoco me gustan, ¡Sí, ya sé! soy una mujer poco convencional, pero igual lo recibí con mucho gusto.

Seguía incrédula ante tal situación y volví a preguntar: ¿Señor, usted está seguro que esto es para mi? Vea, por favor reflexione, piense, haga memoria y verá que está equivocado. El mensajero a punto de explotar de un ataque de desespero me lo reconfirmó y con un tono de “Ya no me la aguanto más señora”, me indicó que leyera la tarjeta que venía con la bandeja. La abrí y cuál fue mi sorpresa al ver mi nombre plasmado con una dedicatoria que me dejó en shock. Y ahí si empecé como cual Mata Hari a mirar por lado y lado a ver quien estaba escondido detrás de cualquier muro, pared, valla, mesa, silla o árbol, observando todo lo que estaba pasando, porque los demás comensales que estaban en la cafetería ya se habían dado cuenta y a lo mejor el o la autora de semejante regalo, andaba por ahí espiando mi reacción.

Para acabar de ajustar, el mensajero me pidió el gran favor que si me podía tomar una foto con el desayuno para la evidencia ¿Y qué más podía decir si él estaba cumpliendo con su trabajo? Pues ya me “banderió”, ¡Hágale que hps! Y pelé los dientes para la posteridad, le agradecí y me quedé sentada en la mesa con mi regalo sin saber que hacer…

Era hora de la clase y no me daba tiempo de llevarlo al carro para guardarlo, el parqueadero queda muy lejos de la Facultad y no podía retrasarme, mis estudiantes tenían parcial y si alguna vez en la vida no he llegado en punto, ha sido por motivos muy ajenos a mi voluntad. Tuve que salir con mi desayuno para la sala de profesores y los pocos que allí se encontraban comenzaron a decirme: “Felicitaciones profe, que belleza de detalle, que cumplas mucho años más”. ¡Pero si yo no estoy cumpliendo años! les decía, ¡No me feliciten más y hablen bajito! Y entonces dé explicaciones, que mire, que vea, que era que había sido un admirador secreto, que ni idea quién… pero el tiempo estaba encima y debía irme, el chisme pa´después ¿bueno?

La bandeja no cabía en mi mesa de trabajo y lo único que se me ocurrió fue llevarla a la recepción para que una de las auxiliares que allí trabaja la metiera debajo de su puesto hasta que terminara mis clases y pudiera irme con el regalo a la casa. Y tampoco había tiempo para explicarle de quién era y porqué motivo me lo habían dado, solo guárdelo ahí mamita que tengo afán.

Se acabó la jornada laboral y fui a recoger mi de detalle, lo cargué en mis brazos como un tesoro y salí rumbo al parqueadero en medio de la mirada de todos los que por ahí estaban, pensando y sospechando de cada rostro que me miraba porque ahí podía estar el o la autora del mismo. Pero no, ninguno se acercó para dar la cara y hasta el sol de hoy no se quién fue.

Estimado admirador o admiradora, si estás leyendo este post aprovecho la oportunidad para agradecerte semejante regalo, me siento muy halagada, el mensaje de la carta estuvo muy bonito y arrasé con todo lo que contenía la bandeja menos con las flores y el peluche. Y aunque es muy satisfactorio saber que hay personas por ahí de incógnitas que uno les atrae o lo admiran, no me gustan este tipo de situaciones y me siento incómoda; prefiero mil veces un face to face, un par de pantalones o de ovarios bien puestos que te digan lo que sienten, (yo que soy así, directa y a la yugular) y ya se sabrá que hacer;  si hay estrellón pues nada que hacer, en la vida nos pasará muchas veces y si no, pues quien quita que de ahí pueda surgir algo.

Por eso mis queridos lectores, muchos estarán de acuerdo conmigo en que aunque es un bonito detalle no fue lo más apropiado o por lo menos en mi situación porque no era el lugar ni el momento, además prefiero las cosas de frente y bajo perfil. Como otros podrán decir que soy una desagradecida, que a cualquier mujer le encantaría recibirlo y que no aprecio que aun existan admiradores secretos, pero para gustos los colores y en este caso, para mi, fue una situación #asíomásdemalas

 

Sufra que eso es gratis mija

En una cita que tuve hoy para hacerme la cera en alguna parte del cuerpo de las que uno quiere latigarse del dolor, salió la idea de este post, porque hasta ahora me pregunto: ¿Por qué las mujeres sufrimos tanto y a veces gratis?

Comencemos por la BELLEZA:

Ir a la peluquería más que un ritual para embellecernos, se convierte en pagar una promesa.

El pelo: Usted va para cepillarse y que le quede liso chorriado como virgen de pueblo, porque en la ciudad donde vivo “Antes lisa que crespa” y olvídese pues si es más arriba de la cintura. Calcule la cantidad de dinero que se gasta semanalmente y los tirones que tiene que aguantarse.  Y eso, sí usted no se hace los enemil tratamientos para el liso permanente en los que tiene que quedarse horas como estatua de museo aguantando secador, un olor a químicos que puede acabar en instantes con su vida, plancha a dos manos y un calor de los mil demonios.  Pero lo que quiero es teñirme las canas: Pues bien pueda siéntese 45 minutos con un producto que huele de todo menos a bueno, que le perfora las fosas nasales, queda como una gallina despelucada, expuesta a los transeúntes que pasan por el local y no hace sino perder fans. Pero es que quiero que me haga trenzas: Ah sí bien pueda, siéntese a sufrir un ratico y que la dejen como si hubiera nacido en China porque ni los ojos se le ven de lo apretadas que quedan y el dolor de cabeza le dura tres días.

Las uñas: (manos) Lo primero que usted debe hacer es llevar su kit de manicure porque facilito le pegan un hongo que le tumba cualquier dedo le digo pues. Lo otro, es que queda descoordinada totalmente porque hasta que no se le sequen las benditas uñas no puede irse del lugar, no tiene cómo manejar o tomar un transporte público y menos sacar la plata para pagar, porque si se le daña una uña el proceso es complejo. (Pies): De solo pensar en los separadores que le ponen en los dedos yo no lloro no más me acuerdo, es como si le hubieran metido piedras entre cada uno. Y póngase pues las sandalias para poder irse… ¡ah no! Misión imposible 5 es una güevonada amiga.

La cera: Parta de que uno tiene pelos en todas partes del cuerpo, hasta en las más insospechadas, delicadas y sensibles; pero hay que hacérsela porque no está bien visto que  a usted lo coja “cualquier emergencia” y tenga el jardín sin podar. La que más duele es aquella del bikini en la que queda odiando a la esteticista y a todo el personal que allí trabaja, eso si no la queman un poquito porque por lo general la cera se encuentra a altas temperaturas, usted solo quiere que esa tortura acabe lo más pronto posible y es cuando se pregunta ¿Si es necesario tanto sufrimiento gratis? reflexiona en medio del dolor y la respuesta es afirmativa porque no haya nada más desagradable que un pelo donde no debe estar.  Y está la misma historia también con las axilas, las piernas, las cejas y las de malas que le sacaron el bigote al papá.

Si el presupuesto no da, entonces existe una herramienta maravillosa e imprescindible para las mujeres que es la pinza, ese perfecto invento que nos desembala cada rato, porque fémina que se respete anda con una en el bolso. Si a usted no le dio para depilarse las cejas con la cera, pues mamita eche mano de ella y llore porque es como si la estuviera picando una hormiga roja por cada poro que usted escarba y saca el pelo de su comodidad. Si no le dio para el bikini, ahí si empérrese como una Magdalena porque duele más que cuando lo echa una traga maluca. Pero tanto sufrimiento al final vale la pena porque como sea, llega como una princesa sin ninguno de esos indeseables.

La piel: Morena quiere estar cualquiera pues. La ropa, los colores, los tonos, los matices, ¡todo! se ve hermoso en un canelita Hollywood, pero ¿qué tiene que hacer para tener ese hermoso color? Pues achicharronarse dos horas al sol como pollo rostizado, a punto de que le dé una deshidratación con insolación incluida y eso es ser masoquista. Si usted no tiene acceso a la piscina o al mar, pues pague esta vida y la otra en una cámara de bronceo, que no produce sino claustrofobia y la deja líchiga el resto del mes.

De las CIRUGÍAS PLÁSTICAS ni hablemos, hasta ahora no me he realizado ninguna y espero que este cuerpecito serrano siga tal cual a punta de yoga y caminatas, pero si me ha tocado vivenciar las de otras mujeres cercanas y les digo pues que usted tuvo que haber hecho algo muy malo en su vida para aguantarse ese dolor. Aumento de senos o reducción, cirugía de párpados, liposucción, lipoescultura, glúteos, nariz, elevación de cejas, rejuvenecimiento facial, rejuvenecimiento vaginal (y aquí ya si convulsioné) y hasta las orejas, son las más comunes, pero deje así porque con solo leer los nombres ya me duele todo.

EL PESO: No había visto en la vida ser para sufrir tanto por el peso como las mujeres, sobre todo en esta sociedad tan pesada donde nos movemos. Una ciudad como Medellín donde la belleza es entendida como el centro de todo y así suene duro, muchas veces somos vistas como objetos decorativos y la cirugía estética manda la parada. Usted sufre porque es flaca y no tiene carnita y como dicen por ahí: “Donde hay carne hay fiesta”, porque le sacó la nalga al papá como la del bigote o porque es tabloide de arriba abajo. Y gorda, porque a las gorditas “solo las quiere la mamá”. Subió un kilo, se da duro una semana entera y se mata en el gimnasio hasta que todo vuelva a ponerse en su sitio o se muere de hambre porque las calorías no pueden excederse y no disfruta de lo bueno que es comer. He de decir que al contrario del nombre de mi blog, he sido muy de buenas con mi constitución corporal, pero también he sufrido por el peso porque al contrario de muchas mujeres, no me gusta estar demasiado delgada y el sufre que sufre ha sido horrible, aunque en estos momento de la vida, ya montada en el cuarto piso y más allá, me importa más la evolución del rábano que lo que puedan decir de mi cuerpo.

Pasemos al AMOR, ese por el que generalmente sufrimos gratis porque muchas veces es buscado por ociosas y masoquistas. No estoy generalizando, algunas situaciones son porque en realidad dimos con una pareja hija de su chingada madre, pero hay otras en las que nos gusta sufrir como condenadas y hasta látigo nos damos y si es con espinas mejor. Las tusas duran y duran como si no existieran en la vida otros hombres o usted fuera la más de malas para no tener otras oportunidades, entonces empieza a llorar por cualquier cosa que le recuerde el episodio, llámese canción, serie, programa de televisión, publicidad, etc. Todo lo que usted lee le cae como al anillo al dedo y las canciones todas fueron compuestas por su historia personal. Hay que ahogar las penas con las amiguis que la acompañan en su dolor, pero lo que hace es padecer más porque la película es en 3D, de un momento a otro es directora de de cine y se imaginó las mil historias, ya el cuchillo no solo va al corazón si no a las vísceras y todo lo que en el cuerpo le duela, hasta la intangible alma. Trata de cerrar el ciclo mínimo diez veces escribiendo las diez cartas de despedida, haciendo el ritual de “Fuera las malas energías, llega a mi todo lo positivo, lo bueno y me lo merezco”, ¡cual merece! Usted lo que hizo fue que se metió una salvada de padre y señor mío de no seguir con semejante personaje y eso es lo positivo que le llegó, ahí si aplica perfectamente aquella famosa frase de la iglesia cristiana: ¡Pare de sufrir!

Aunque investigando, existe el síndrome de “Romeo y Julieta”, con semejante nombre calcule pues, se da en aquellas personas que quieren estar enamoradas pero que no saben amar, ¡Háganme el hp favor! O sea, entre la cantidad de cosas que le añaden complejidad al concepto del amor, ya usted tiene que descifrar si es amor o enamoramiento.  No saber diferenciar ambas es el origen del sufrimiento y esa revoloteadera de mariposas en el estómago, de representar todos los clichés románticos habidos y por haber y de sentirte como la protagonista de Bridget Jones, es el sufrimiento en pasta.  Todo en la vida pasa y los amores también, no hay mal que dure 100 años ni “parido” que le dé a uno duro por siempre.

Las AMIGAS: Y es que las mujeres somos tan jodidas que hasta por las amigas sufrimos. ¡Sí! porque no le paró bolas a la historia que le contó, porque no le opinó, porque no la saludó como debía, porque seguro está en sus días y no me la aguanto pues, porque habló con un amigo suyo, porque no la tuvo en cuenta para el súper paseo… ¡Lo peor amiga lo peor!

Y por más minucias sufrimos todos los días; porque no tiene que ponerse y el clóset está repleto, porque ese jean le hace ver la nalga caída entonces ni por el hp sale así, porque el otro dijo, porque el otro no dijo, porque no la llamó, porque gana más, porque no respondió el mensaje al momento y ya quien sabe que fue, porque no puede ni ver a alguien en pintura y la descompone, un sinfín de sufrimientos que Jesucristo es un pobre pendejo al lado de uno.

Y aunque es difícil a veces no sufrir, es mejor pensar que las cosas tienen un porqué y no seguir gastando ni tiempo ni energía en lo que no vale la pena, ni tener el ojo chocolatiado por cualquier cosa y vivir lo que quede sin sufrimiento porque arruga la cara y el alma.

¡Y era el mismo!

Ya sabemos que mi vida es una coincidencia diaria y esta historia no podía ser la excepción. ¡Normal! Si es que fue a mi a la que me pasó, pero aunque sigo pensando: Maldita sea, ¿por qué yo siempre? Creo que de alguna manera ya me estoy acostumbrando.

Hombres, hombres, hombres… he escrito mucho sobre ese género que me enloquece, con el que me doy látigo, con el que me estrello, vuelvo y me levanto, me gusta siempre la misma piedra aunque me rompa la cabeza y quede como Frankestein llena de suturas, pero es que son un imán incontrolable y que le vamos a hacer.

En uno de mis espacios de soledad, de necesito un tiempo porque quedé hasta las narices de la anterior relación, de pensar que bueno descansar un ratico y disfrutar la tranquilidad… ¡juro que estaba dispuesta! Apareció un morenazo con barba de aquellos que me gustan y ahí si la meditación, el autocontrol, el crecimiento personal se fueron al carajo. ¿Qué hacemos pues si es que ellos no dejan? Aparecen así como por arte de magia, de la nada, ahora no lo ves ahora sí lo ves y queda uno más enredado que cometa de mocho, aunque he de decir que éste tuvo “que remar mucho” porque yo estaba como reacia, pero finalmente caí. Digamos que no es que estuviera muy entusiasmada, me gustaba más que caminar en medias eso sí, pero la verdad no me interesaba una relación seria, aún así de cabezas fui a dar en el bendito enredo.

Que vea que conteste que la estoy llamando, que vea por qué no nos hemos vuelto a ver, que vea que usted por qué se mantiene tan ocupada, que vea que si es que ya no quiere salir conmigo, que mire que es que yo la extraño ¡Ah! ¿Y en que momento me casé pues con este man? Si es que desde el principio puse todo muy claro, porque me tocó aprender a las malas desde el último batacazo que me di por no decir las cosas como eran, porque cuando usted sí quiere ellos no quieren y cuando usted no quiere ellos sí ¿Entonces?

¿Entonces? Que un día que yo estaba muy tranquila sentadita por ahí en cualquier parte para no banderear el lugar donde acontecieron los hechos, se me acercó una mujer a desahogar sus penas porque el chisme que me tenía era la bomba. ¡Ah no marina, cuente a ver! Y empieza la susodicha a soltar una historia de padre y señor mío de un enredo que estaba teniendo, con intimidades a bordo gráficas y todo que me sentía más hablando con Esperanza Gómez (popular actriz colombiana dedicada a la bien pagada y famosa industria porno), que con la mismísima conocida con la que hablo de infinidad de temas banales.

La escuchaba tranquilamente, con mente abierta, con alegría por ella porque se le notaba la emoción y uno pues como apoyo moral debe vivir ese mismo sentimiento, hacer caras de felicidad, expresiones y hasta gritar de exaltación: “No querida como así, n o t e l o p u e d o c r e e r”. Hasta que la alegría se me fue convirtiendo en asombro, en un no se si reír o llorar, en un me tiro loma abajo o me revuelco aquí mismo, en un me quiero latigar con rosario de espinas, en un pensar por dentro: “mucho hp”, en un lo mato, la mato o me mato, en detenerme con tranqulidad y pensar: Dismulá güevona y hacéte la que no lo conocés… porque sí, ¡era el mismo! el mismo con el que estaba saliendo de vez en cuando, el mismo que me hacía reclamos y el mismo con el que estaba protagonizando la película porno mi queridísima conocida. El mismo porque con nombre y apellidos, edad, ocupación, descripción física y demás, supe quién era, además porque con mis dotes de periodista Mata Hari, aproveché el suceso y empecé a aplicar las 5 W de la noticia y terminé de sacarle toda la información, obvio sin que se diera cuenta, porque además soy actriz frustrada y bastante he aprendido a ser histriónica.

Yo no lloro no más me acuerdo como dicen por ahí, porque luego de terminada la conversación me dio un ataque de risa que me duró como dos horas, la otra no entendía pero yo sí me entendía, no daba ni rabia, solo pensaba en que era un buen motivo para quitármelo de encima y que tenía una nueva historia para mi blog.

¿Y cómo terminó la historia? Yo, más feliz que el chavo del ocho ganándose la lotería, el man voló para la mismísima porra sin saber porqué y a la amiguis no le duró el cuento porque el otro no volvió a aparecer. Sin tener ninguna culpa la pobre, pero eso sí, nunca se dio cuenta que había sido “el mismo”, solo hasta ahora que lea tan delicioso y revelador post.

Perdóname querida, pero a veces hay cosas que no valen la pena revelar.

 

 

 

“Bendiciones”

Después de un largo período sin escribir por varios motivos que me quitaban más tiempo que un novio intenso, aquí estoy de nuevo para hablar sobre un tema que me tiene altamente preocupada. He de aclarar que respeto mucho las creencias de los demás y la religión, cada uno verá a quien idolatra, en quién cree o a quien le reza, mi intención no es ofender a nadie aunque a veces mi sarcasmo me lleve a lo contrario, pero… ¿Me pueden explicar cuál es el viciecito de decir por todo “bendiciones”?

Es que decirlo me parece muy bien, gracias por la bendición impartida así quede uno más bendecido que al agua del bautizo y como dice mi hermana, la palabra tiene poder y hay gente que vive de la fe, pero que se convierta en la frase preferida de los hombres de ahora, eso sí me intranquiliza.  Lo viví en carne propia hace poco tiempo y no una sino dos veces que me parece excesivo, además, que me toque a mi por cansona con el tema, ya tiene mérito.

Conocí a alguien en un evento de la ciudad. Muy adorado él, muy de la casa y de parte aseada como dicen por ahí. Con cierto interés hacia mí soltó la jauría de perros y yo que andaba con cierta “tusa” encima, dícese de un despecho el hp, con dolor de alma, de corazón partío, que uno no sabe si dejarse crecer las venas o cortárselas; pues le paré bolas, le puse atención y le di la oportunidad.

Y así fue la historia: El susodicho salió por un volao y  me llevó a tomar la sabia decisión de alejarlo de mi vida. Y se preguntarán: ¿Pero Ana, porqué sos así? ¡Dejá de ser paridita! Paridito el vicio de estar mencionando a Dios todo el tiempo, es que les digo pues que más que saliendo con un man, me sentía con el párroco de la iglesia de la esquina y haga de cuenta como si practicara el sacramento de la confesión, de la confirmación y todos los demás, menos el del matrimonio.  ¡Ah no! Qué pena pero bien puedan y que les presenten a Sor Rita porque Santa Ana no soy. Está muy bien que me deseen el bien, que el señor se apiade de mi alma, que Cristo esté presente en mi corazón y de verdad yo se los agradezco, pero uno de salidita con alguien y que el otro le esté diciendo a uno todo el tiempo “Gloria a Dios” en vez de cómo estás de mamacita hoy,  te he pensado esta vida y la otra, vos si estás mejor que un bulto de gomitas de ositos rojos, o chao princesa, muñeca, mi amor, como le dé la gana de decirle; pero que las palabras de despedida y otras en general sean: “Bendiciones”, “Que Dios te bendiga”, “Que el Señor te lleve con bien”… no faltaba más.

Y yo me pregunto: ¿Acaso tengo cara de ser la más católica, la más piadosa, la más religiosa? ¡NO! No lo soy, creo en Dios, le oro a mi manera y aunque me siento bendecida, más no afortunada (por aquello del yate y el setentón), no es el estilo de hombre que quiero. Me alegro mucho por ustedes que los iluminó con todo su ser, que entró en sus vidas para catolizar a los demás, lo respeto y avemaría bendito sea el señor, pero hay muchas mujeres que necesitan más evangelización que yo.

Por eso… Yo los bendigo con amor y los libero de mi vida.

Amén.

 

Personajes matrimoniales

https://estudioxevidom.wordpress.com/tag/caricatura-boda/page/2/Fui invitada a una boda hace unos meses y obviamente cumplí la cita. Ya he proclamado muchas veces que no soy amante del matrimonio, pero sí asisto a ellos; aunque a veces no sabe uno si le están haciendo un favor o un mal, porque implica cantidad de gastos.

Pero el tema que traigo a colación no es toda la platica que usted se gasta, son los variopintos personajes que allí se ven. Nunca me había puesto a detallar cada rol en dicho evento y pensé: “Oíste querida, esto te da para un post, no desaprovechés la oportunidad”. Y aunque me bailé a media fiesta y pasé de lo lindo, también tuve tiempo de hacer el respectivo análisis.

Uno de los primeros que usted se encuentra es el que brinca hasta en el vals, se desplaza bailando de mesa en mesa para sacar a la pista a cualquier damisela, es el profesor frustrado de baile de salón, el director de la coreografía de La Macarena, el que lleva la fila de la conga y para más Inri, abraza a diestra y siniestra sudado a más no poder.

Luego está aquella que cuando llegó a la fiesta estaba de punta en blanco, pero que en la mitad, ya se bajó de los tacones de ocho centímetros con los que había llegado y está descalza a punto de que alguno de sus dedos sufra un descalabro, la están matando los cayos, el juanete se le sale más que nunca, pero no le importa, es feliz.

Está el señor de la tercera edad que después de un par de tragos sonríe, pica ojo y saca a bailar a todas las de su generación. Se alza la bata y castiga baldosa que da miedo con cualquier canción que le pongan, puede ser reggaetón y hace el esfuerzo, así después haya que hacerle la reanimación.

O el que se monta en los patines para dar la ronda respectiva a ver cual cae, ese soltero desaforadito que no disfruta por estar pendiente de elegir a la que le va a echar el carretazo, pero lo peor de todo es que existe a la que le entra por ese par de oídos que mi Dios le dio. Y están además, los que piensan que allí van a encontrar su media naranja y serán los siguientes en la lista, porque matrimonio que no salga alguien emparejado, no es digno.

No podemos olvidarnos del tío o tía en leve estado de embriaguez, porque siempre hay uno o una que sobresale. Son la alegría de la fiesta, conversadores, integrados, los mejores bailarines, abrazadores y querendones de  la familia. No hay emoción más grande porque la niña se casó y se llevó el mejor partido de todos. Venga sobrino (a) bailemos, póngame “El Tropicombo” haga el favor y así hasta que se van quedando dormidos y salen de la mano ayudados por algún familiar salvador.

Están los emocionados a los que todo les parece hermoso y digno de derramar unas lágrimas. Entra la novia a la iglesia y lloran, los casa el padre y lloran, sale el pajecito y lloran, tiran mariposas, burbujas y hasta arroz y lloran. Llegan a la fiesta y lloran porque que belleza de decoración, bailan los novios y lloran, parten el bizcocho y lloran; y así se la pasan todo el evento. Además de no abandonar el tema infancia de los susodichos, con papás, amigos y familiares.

¿Y dónde está el que se roba el show? ¡Pues montando el show! Es más protagonista que los novios, sale en todas las fotos y momentos importantes, no se mueve del centro de la pista, sabe bailar todos los géneros, conversa, es de un humor subido, es el amigo(a) del amigo del amigo; es más, podría pensarse que es parte de la familia, pero no, es que es así, de una integración inigualable.

En muchos hay una “hora loca”, ese momento esperado en el que los novios usan la imaginación para sorprender a los invitados con disfraces y temáticas que animen más el jolgorio. Y uno no entiende cómo ni a qué hora, pero antes de que aparezcan las serpentinas, los pitos, las gafas y sombreros; siempre hay una que ya tiene el ajuar puesto y durante toda la reunión, usted la ve renovando y cambiando las vestimentas de todos los presentes.

Y así sucesivamente usted se irá encontrando esta serie de protagonistas que le dan color y calor al agasajo, aunque a veces se pasan cinco pueblos y son capaces hasta de tirarse la fiestecita, porque no falta el borracho, el peleón, el celoso y hasta el ex novio ofendido (tanto en versión masculina como en femenina).

Yo aún no me identifico muy bien con alguno, lo único que sé es que  raspo fiesta y disfruto de cada uno de los citados momentos, pero lo más importante, no suelo llevarme los adornos de la fiesta como más de un invitado.

 

¡Ay Doctor!

588611_640pxIr a una cita médica a la EPS se ha convertido en la más grande promesa que usted pueda estar pagando en su vida, pero todas esas penitencias que he tenido que sufrir a lo largo de siete años que llevo registrada nuevamente en la salud de este país, por fin se vieron “recompensadas” de alguna forma.

Me han tocado muchos médicos a lo largo de este tiempo. Unos asignados y  otros escogidos; porque renuncian (no me extraña), porque no me han tratado bien y se ganaron su cambiazo, o porque se han independizado. Hasta que por fin tengo una médica hace más de dos años, quien me atiende como se debe y hasta los caprichos me lleva.

Y ustedes pensarán ¿Por qué se ganan el cambiazo? Pues porque esa alzadita de voz o el trato de “subnormal” con el paciente, no se le tolera a nadie. ¿Qué está muy ofuscado porque vea niña es que nos ponen citas cada 20 minutos? ¿Qué vea qué son estas horas de llegar a la cita, pero usted si tiene que esperar como un condenado a que lo atiendan? Pues DE MALAS, a usted cada mes le exprimen de lo lindo la platica precisamente para eso, para que pueda disfrutar de la belleza de “salud” de este país, entonces usted se merece lo mejorcito.

Hubo un tiempo en que la EPS era como mi casa,  no me faltaba si no el sleeping bag y quedaba lista. De tantos ires y venires pues uno ya va conociendo el personal o los va identificando y con estos ojos tan contentos que tengo pues ni modo, cayó en ellos un médico que hágame el hp favor.  Y en tres años que lo empecé a ver, ahí sí no hubo cambiazo ni la mía se quería ir, estaba más contenta que testigo de Jehová en una fábrica de puertas (sin ofender) y de allá no la saca nadie.

Hace mucho tiempo no iba a una cita, pero tuve una urgencia y la pedí por internet. No había con mi doctora hasta después de una semana y de aquí a eso, ustedes ya están tomando tinto de cuenta mía. El sistema indicaba que solo había una para el día siguiente a primera hora de la mañana pero  debía ser con otro profesional  y ante la necesidad la tomé.

Llegué justo a la cita y no me había ni registrado cuando ya el otro me estaba llamando por megáfono a todo pulmón para que entrara al consultorio. Ese día sí; cogida del tiempo, sudando, acelerada y como una loca, me atienden en punto. Agitada toqué a la puerta número 5 y al entrar ¿qué es lo primero que veo? Al bombón del médico al que llevaba echándole el ojo hacía varios años. ¡Explíqueme esta pues!

Me río, lloro, le digo que es lo único que salva a esa EPS, entro, me devuelvo, me voy pa´ la casa, me baño y pido cita otra vez… Ya no sabía si era “Así o más de malas” o “Así o más de buenas”.  ¡Y ay Dios mío que caló! Pero entre mija porque ya no se puede hacer nada más.

Y empiece a soltar los males que entre lo que usted padece en ese momento y lo que tiene al frente, lo primero es una güevonada. Y como buena paciente conté todo y me dejé revisar, pero cuando estaba sentada en la camilla tomándome la presión, el galeno me sale con la siguiente perla: “Yo a vos te conozco y en alguna parte te he visto”. ¡Ah no, ahí me terminaste de matar! Se dio cuenta que le montaba la perseguidora cuando venía aquí a consulta, ahora sí apague y vámonos.

¡Noooo! Yo no sé de donde, ni idea, si te he visto no me acuerdo, estás equivocado. Pero él insistía y lo repetía hasta que soltó la siguiente frase: “Ya sé quien sos, fuimos compañeros en primer semestre de la universidad”. Un poquíto desubicado él, de Periodismo a Medicina, pero en ese instante los males se me triplicaron.

Me tiré de esa camilla porque para mi la consulta ya había acabado, no hay derecho que no me acuerde de semejante bizcocho y además, tenga que pasar por ésas. Hasta ahí me llegó la dicha de que me atendiera en vivo y en directo porque no supe que más decir, sólo: “Mil gracias y me alegra mucho volverte a ver”. A lo que respondió con una sonrisita de oreja a oreja: ¿Volverme a ver? Pero si ni siquiera te acordabas de mí.

 

 

 

Métale la doble

shoulder-angel-devil-d-icons-31063386Gente con doble moral y en Colombia. Defienden a capa y espada sus posturas pero actúan de forma contradictoria.  No hay ninguna coherencia entre la palabra y los actos. ¡No lo entiendo!

Haga usted de cuenta que tienen dos personalidades y gana siempre una de ellas, ¿cuál? Pues la que en el fondo no quiere pero si quiere.  Y hágame el hp favor de explicarme ¿Cómo se puede vivir en paz sin coherencia entre lo que se cree y lo que se vive?

La doble moral es muy común en la religión, el gobierno y la educación, pero sin treparnos a instituciones poderosas, vámonos más bien a la gente “normalita” con la cual convivimos diariamente, a una sociedad donde el machismo es muy tenaz y ni hablar de la hipocresía de las mujeres, ese espécimen maravilloso que es la más bella creación según los hombres, pero que jodemos la vida y comemos del prójimo que da gusto.

Personaje 1: El que piensa que tiene el derecho a “necear” fuera del matrimonio, noviazgo, arrejunte o como lo quiera llamar, maneja una doble moral más alta que la copa de un pino; pero si además jura y come mocos que el hogar que tiene con prole incluida es el motor de su vida y sigue en las mismas, ya no es doble, es triple. Y encima, suben en todas las redes sociales las fotos con la cara de ponquecito, apapachados y con una sonrisa de oreja a oreja, cuando usted sabe que es más malo que Caín borracho.

Personaje 2: El que tiene sexo con cuanta le da la hora es el “macho alfa de la manada”, pero si lo hace una mujer el concepto cambia. La princesa en cuestión hasta descoronada queda y en este caso, no es la “hembra alfa de la manada” sino la “perrunchis de la manada”. Ella no se echó a la muela los bombones que le gustaban porque tenía todo el derecho, ¡NO! era porque estaba necesitada, falta de afecto y porque de santa no tenía nada.

Personaje 3: Quisiera entender esa sabia frase que dice: “Es que uno busca en la calle lo que en la casa no tiene”. Pues si en el sagrado hogar se le perdió, ya no busque más que no lo va a encontrar, vaya y ponga más bien el denuncio a la comisaría de policía más cercana porque no va a aparecer.

Personaje 4: Aquel o aquella que tan profunda y religiosamente dice: “Es que si yo no voy a misa el domingo, me muero”, pues váyase muriendo de una vez y que los entierren en la misma iglesia, porque conozco a más de uno (a) que no falta a la cita dominical, pero que con la lengua puede barrer el templo entero.

Personaje 5: Que belleza cuando pronuncia: “Es que yo ya perdoné”, pero no puede ver al susodicho o susodicha en cuestión porque Hulk es un pobre güevón. La rabia se consume por dentro y se transforma lentamente en la niña del exorcista. Si le cae mal, no hay buena energía, hay cierto resquemor, ¿pa´qué disimular? ¡Que se note!

Personaje 6: La sociedad. “Estoy en contra de” pero lo hago a escondidas. Ese es peor aún porque se sufre como un condenado por conservar las apariencias. Y así infinidad de situaciones, expresiones y temas de alto calibre – como las decisiones personales, de orientación sexual, proyectos de vida, etc. –  que uno quisiera desglosar, deducir, concluir, resolver, analizar, investigar y hasta hacer tesis del tema para poderlo comprender.

Posiblemente cada uno tendrá algo de doble moral, porque de alguna manera hay que simular ciertas situaciones y fingir varios sentimientos; pero ahí el más engañado es usted, porque pasa maluco, no puede con los guayabos morales, se da látigo con espinas incluidas y los remordimientos se lo carcomen por dentro.

¿Qué si alguna vez he sido doble moralista? Pero por supuesto, ¿Pero que a estas alturas de la vida prefiero ser “Así o más directa” y pasar de ese mal que cada día nos afecta más? pero claro que también. Me molesta ese puritanismo disfrazado, el no dar la cara cuando y como debe ser, el hacer por aparentar y querer porque toca. Y seguramente a más de (uno-una) le estará picando -lo que sea que le tenga que picar- pero bien pueda rásquese, eso sí no muy duro, no se vayan a pelar.

¡Buen día  grupo!

Una de las características más utilizadas en WhatsApp son los grupos, aquellas conversaciones en las que participan varias personas: Familia, amigos, colegas del trabajo, antiguos compañeros del colegio y demás, que se multiplican como conejos. Y usted empieza muy animado porque es una forma práctica de mantener el contacto, pero a veces sólo le entra el deseo de abandonarlos. Hoy voy a hablar de esos chats grupales, que están llenos de protagonistas inigualables y situaciones surrealistas.

Para pertenecer a ellos sólo hay dos formas:

Que usted sea el administrador e invite al que quiera, o que usted sea el invitado y por lo general entra como por arte de magia, porque de invitado nada… De un momento a otro sin nadie haberle consultado ¡Tarán! ya es  miembro; y de alguna u otra manera tiene que ingeniárselas para conocer los maravillosos trucos que implica pertenecer a dicha “asamblea”:

  • Cómo añadir participantes
  • Cómo eliminar participantes
  • Cómo bloquear participantes
  • Cómo silenciar las notificaciones de un grupo (sin duda la mejor opción) 
  • Cómo salir de un grupo (sin que se den cuenta y es imposible)
  • Cómo eliminar un grupo (sin que nadie salga ofendido y es imposible)

Pero es que existen diversos grupos en los cuales usted quiera o no debe estar metido:

1. El Familiar: ¡Y sálgase pues pa´que vea! “Claro, para todo hay tiempo menos para la familia, si fuera un grupo de amigos ya era miembro oficial” ¿Por qué no le ha contestado los mensajes a su tía? ¿Ya dio las gracias? Y la cantaleta, la navidad, la política, el fútbol y los cumpleaños son los temas preferidos. El grupo familiar acostumbra a ser grande porque no sólo pertenecen el papá, la mamá y los hermanos; también están los sobrinos, los tíos, las tías, los suegros, el primo lejano y hasta el perro. Es muy activo, están los que manejan la tecnología nivel Dios, pero también lo que se demoran horas “escribiendo…” para luego leer un “ok” o la “carita sonriente-corazón-pulgar arriba”.

2. Los grupos de trabajo: Son los más aburridores pero hay que estar en ellos. Se crean para optimizar las labores, pero también para mejorar la relación con los compañeros que  a veces ni se conocen. En mi opinión, creo que si en uno o varios años no habla con alguien con quien pasa ocho horas al día, la situación no va a mejorar por medio de un grupo y menos tan impersonal como lo es el WAPP.

3. Los compañeros (as) del colegio: Es lo más parecido a montarse en una máquina del tiempo. Aquí lo más importante es pertenecer al grupo que usted tuvo cuando era estudiante, es decir, con las que de verdad se conoce, tiene intimidad, confianza, etc., no en el que no encaja, no se acuerda ni de la mitad de sus compañeras y todo el tiempo se está preguntando ¿Quién es que era esa? Además tienen una particularidad y son las reuniones “fantasma”, aquellas donde se dicen cantidad de veces “Nos tenemoooosss que reuniiirrr” y aunque puede ser que se de el encuentro (muy amenos y felices por mi parte), es más difícil cuadrar diez micos pa´una foto.

4. El grupo de manes: (dícese hombres): Aquí están los amigos de toda la vida, los compañeros de oficina y del colegio. Es una especie de furrusca pero a través del celular: Chistes malos pero buenísimos pa´ellos, fotos de viejas, tema fútbol, política y por supuesto, las palabras subiditas de tono. Chismes, pocos.

5. El grupo de viejas: (dícese mujeres): Parecido al anterior pero con algunos cambios en el contenido de los mensajes. Aunque también existen los chistes malos y las fotos subidas de tono ¡pa´que vamos a decir mentiras! se tratan más los temas de los especímenes masculinos a los que hay que echarle ojito,  de las que aún no tienen novio, el chisme candente, la opinión retorcida y la puñalada trapera. Y no puede faltar el “buenos días” con los besos y corazones, pero tampoco el “buenas noches amigas” con el mismo beso,corazón y hasta lunita incluida. ¡Es que somos tan tiernas!

6. El grupo poltergeist: Ese grupo donde nadie escribe pero tampoco nadie abandona.

Aparte del tipo de grupos antes mencionados, no faltan quienes crean una conversación individual donde más de la mitad está perdido, si es un grupo obvio es para saber cosas que les “atañen” a todos, si no, bien pueda amiguis y hable por el interno. O los que llegan tarde a una conversación empezada y preguntan lo que se dijo en el capitulo anterior, es ahí donde provoca sólo convocar a junta extraordinaria para expulsarlo(a) del mismísimo grupo. ¿Por qué no tomarse el trabajo de leer los enemil textos enviados y así no repetir las mismas preguntas? Digo yo. A veces es una maldición, lo sé, porque usted se descuida y ya tiene 543.789.000 mensajes sin leer, pero pues para eso es, para enterarse de la historia desde el principio. Y no tolero los anuncios importantes por medio de este medio como matrimonios, bautizos, comuniones, confirmaciones y demás sacramentos. Soy muy chapada a la antigua en este aspecto aún, son noticias personales e importantes que no caben en un espacio que es masivo y donde muchas veces todos no tienen la misma cercanía. Ahí sí gásteme o le gasto la llamadita como en tiempos pasados.

Y para ir concluyendo, nombraré a algunos de los personajes que uno se encuentra en cada uno de estos maravillosos grupos:

– El que manda los buenos días a las 5:00 a.m.

– El que dice “buenos días grupo” con una imagen muy emotiva (5 soles, 10 corazones, 3 arco iris y 500 abrazos)

– El que pone “dejen dormir” cuando en realidad puede silenciar el grupo

– El que empieza la pelea por algún comentario inocente

– El  que manda la cadena para salvar una vida, un animal o el planeta

– El que tiene un meme para cada tema de conversación

– El que lee todo y solo dice “jajaja” o pone un pulgar levantado

– El que se muere de ganas de darle al botón “abandonar el grupo”

– El que habla y todos lo ignoran

– El que nunca puede

– El que está en línea las 24 horas

– El que jamás habla y nadie lo conoce. El único que sabe es el administrador (a) que lo metió

– El que se queja porque hablan mucho, pero del grupo no se va

– El que manda audios de más de 1 minuto

– Y el que

escribe por

líneas

y lo

desespera a

uno…

Y así infinidad de “figuras” más que hacen de la cotidianidad un circo vivo. Para terminar el post quisiera dejar precedente que soy miembro activo de más de un grupo que disfruto y de otros no, porque sencillamente no me interesa participar, a veces no quiero hablar, no tengo tiempo o simplemente fui metida sin consultar. Y creo que cada quien tiene el derecho de “abandonarlo” cuando buenamente quiera, eso sí, pienso que lo más indicado sería despedirse sin explicación alguna, pero por lo menos decir ¡ABANDONO!

Para nuestra cultura la frase “abandonar” es como una doble patada en el estómago y no debería ser así, cada quién es libre de estar inmerso en este mundo de la nueva tecnología que a veces en vez de hacernos favores, nos tira al charco.

“En la nevera hay jugo”

253735“Bien pueda que en la nevera hay jugo”. Frase muy popular en Colombia que significa “Bien pueda métase sin permiso”.

Tema al que hago alusión hoy en mi post: Las personas que “hurgan” en la vida de uno sin haber sido invitadas. Esa belleza de viciecito que tienen aquéllas que preguntan como si en algo les afectara, o fuera de vida o muerte hasta el más mínimo detalle. Por eso quiero hablar de ello, porque existimos a quienes no nos gusta demasiado hablar de nuestra vida y obras con quienes tenemos poca confianza y a veces, hasta mucha, menos aún dejar que cualquiera invada nuestra privacidad sólo porque le da la gana.

Y muchos dirán ¿Pero no escribís pues un blog donde contás historias de tu vida amiguis? Pues sí, pero la diferencia está en que cuento lo que quiero que sepan, no lo que me preguntan. Y es que uno no está obligado a contestar lo que no quiere y a responder preguntas muchas veces inoportunas, pero no es nada fácil esquivar semejantes dardos sin salir mal librado. Porque su sinceridad, bueno, en este caso la mía, hace que se pase por mal educado y grosero. Entiendo que el “curioso” tiene su derecho a explorar, pero resulta que uno también tiene derecho a proteger su intimidad ¿O no?

Hay gente que tiene por costumbre valorar la vida, los logros y las decisiones de los demás sin ton ni son y pasa (en mi humilde opinión) porque es la que mayor conflicto emocional posee, no tienen nada más que hacer y se aburren con la suya. Eso no significa que usted no pueda responder a un cómo estás, cómo va todo, etc., pero es que hay preguntas de preguntas:

  • ¿Pero por qué estás tan flaca? (con salida de órbita de ojo)
  • ¿Y cuánto pagás de alquiler? (con mano en pecho)
  • ¿Y por qué no te has casado? (con cara de pesar)
  • ¿Y cuanto te ganás en el trabajo? (con boca ladiada)
  • ¿Y entonces ella de que vive? (con cabeza a lo niña del exorcista)
  • ¿Y cómo hacés para estar así con esa edad? (con cara de Hulk)
  • ¿Y ellos van a tener hijos? (con cara de contáme el chisme)
  • ¿Y porqué terminaron? (con cara de yo lo sabía)
  • ¿Pero ella/él por qué es gay? (con ceja subida)
  • ¿Y por qué ha salido con tantos manes? (con parálisis facial)

Y así sucesivamente el cuestionario de interrogaciones que uno no tiene porqué saber, o no le interesa, o no ha preguntado, o simplemente no hay porqué hacerla, punto. Pero es que usted no ha acabado de decir “no tengo idea”, cuando ya lo están bombardeando con otra ¡Tiene huevo pues! Lo ideal sería devolvérselas todas una por una, o preguntarle por qué tiene tanto interés en saberlo todo, porque por Dios que “eso” no es normal.

Por eso vivo y dejo vivir (en la medida de lo posible) y si algo tengo muy claro es que cada uno hace con su vida lo que quiere, soy cero preguntas a menos que sea necesario y pertinente hacerlas, si me dan el espacio.  No me meto en la vida de nadie para que no se metan en la mía, la hago como mejor me parece porque se como la llevo y me siento feliz de ello, con las consecuencias que conlleva.

Pero como todo no es perfecto, siempre hay quien se mete donde no le importa, pregunta lo que no es asunto suyo y chismosea como si no existieran cosas más importantes a que dedicarse. Entonces yo los invito a que cojan oficio más bien y si no lo tienen, póngase a tejer alguna cosita en crochet que eso los entretiene mínimo, un par de horas.

“Señor dame paciencia y en el follelli resistencia”

Me encontraba en una taquilla preguntando sobre un plan de salud que quería contratar, estaba sola con la asesora pero aún así sentía una presencia detrás de mí, una sombra que no me abandonaba y hasta murmuraba y todo. Tuve que girarme para saber de que “espíritu chocarrero” se trataba porque no era una situación normal. ¿Y quién era? Pues una señora muy oronda que participaba de la información que me estaban brindando y ni siquiera respetaba la distancia que debe tenerse al hacer una fila. ¡Era mi turno, no el de ella! Y como no soporto la incultura,  ese ser maligno que vive en mi salió y con cierta ironía le pregunté: Señora, ¿usted necesita entregar algo? a lo cual respondió: “No niña, tranquila, es que yo estoy oyendo porque a mí también me interesa”.  Y así sucesivamente pasa con diferentes espacios: las cajas de los supermercados, las colas para comprar tiquetes, cuando va a retirar dinero del cajero electrónico, etc.

De ahí viene mi desahogo en este post,  porque aunque hablar y practicar la cultura ciudadana parece fácil, es un proceso muy complicado en la ciudad donde vivo, en una sociedad individualista como la nuestra y en la que hace falta mucho pelo pal moño para entender el  verdadero sentido de lo que significa esa palabra.

Así me pasa diariamente una y otra vez y me quiero condenar de la ira, pero también “toca” entender que no todos son iguales y poseen la misma educación, ¿pero para que fucking están las señales pues? Una cosa es que usted no esté acostumbrado a respetar las normas y que haya crecido con la idea de que el vivo vive del bobo, pero ojos si tiene. Y aquí viene otro ejemplo con el que me provoca tirar pal monte porque es superior a mí.

Cuando alguna vez debo tomar el metro para ir a trabajar, me toca bajarme en una estación muy congestionada, por lo cual muy “sabiamente” decidieron dividir las escaleras con un tubo metálico y hacer la señalización respectiva, señales que hasta un niño de preescolar entiende. Una flecha hacia arriba y otra hacia abajo y hasta donde tengo entendido, en todo el mundo significa subir o bajar por su derecha; pero nooooooo, aquí noooooo, aquí significa el contrario. ¡A ver! flechas, flechas  —> <—  ¿es tan difícil? ¿O es que no diferencian la derecha de la izquierda? Yo sé que ese problemita lo tenemos casi todas las mujeres, entre esas yo que  a los 43 años se que la izquierda es donde va puesto el reloj, pero hay símbolos, comunicación no verbal, que parte de eso no entienden. ¡Eeeehhhhhh!

Y hágame el hp favor los que después de casi 21 años de haberse inaugurado el metro, de oír cómo nos han inculcado la cultura metro día a día, siguen parándose en la puerta cuando uno va a salir, que si usted no se tira de ahí se queda y devuélvase de la siguiente estación, porque les importa un carajo pero de aquí no me mueven pues. Lo mismo pasa con los que no esperan a que usted salga, cuando ya han entrado como volador sin palo y es haga de cuenta ¿como cuando a usted lo “revuelca” una ola en el mar? pues así, eso es un surullo que no ve, ni entiende ni nada, simplemente en un momento vuelve a ver la luz y sale.

Así con infinidad de situaciones: como el que tira el papel por la ventana del bus, se le “cae” la colilla del cigarrillo, se le “queda” la lata de cerveza en una esquina, se mete disimuladamente en una fila o no pide permiso al pasar y los que aún no tienen muy claro, el concepto del paso de cebra para los peatones. Se supone que el principio básico es no hacer a otro lo que no nos gusta que nos hagan y no al contrario, como pasa en sociedades como la colombiana, donde los malos hábitos de convivencia, por lo general sobresalen y la gente termina haciendo lo que todo el mundo hace.

Y muchos dirán, “Amiguiiisss pues si le parece tan horrible váyase a otro país”, pero es que el tema no es de largarse, es de cambiar la actitud. Si volví a Colombia después de muchos años de estar por fuera se que debo adaptarme nuevamente, aquí nací y crecí, pero lo que me cuesta aceptar es que el mundo cambia y a nosotros nos falta mucho por recorrer en ese sentido.  “La incultura ciudadana no sólo es  evidencia de ignorancia y retraso, sino también de la estupidez y la farsa en la que se convierten muchas sociedades y sus ciudadanos que mientras reclaman derechos, no dan ejemplo respetándolos”.

 

 

Clinicazo

postmamaenfermaEsta vez  sí me vi al otro lado… aparte del mal que me aquejaba, con la salud pública que existe en Colombia, casi estiro la pata como vulgarmente se dice.

Llevaba varias semanas de estrés por variopintas situaciones y un “chicharrón” (dícese del problema que usted nunca acaba de solucionar) es decir, arregla una cosa pero le sale otra; como los mismísimos chicharrones, esos excedentes de carne de cerdo que se fritan y flotan con más de cuatro patas pero que depende del grasero le pueden salir hasta diez, ¡Pues así!  Súmele además cuanta porquería de dulce, harina y pastelería existe en este mundo ¡Ah! y una mala alimentación porque no tengo tiempo, porque vivo sola, porque no soy la experta en el menú gourmet, etc. Una combinación nada sana para un cuerpecito serrano como éste 😉

Él me lo venía advirtiendo como novio cuando quiere zapatear y aunque hago Yoga y camino más que una judía errante, no aguantó la presión y un domingo en la noche el estómago se rebeló, saqué hasta el bizcocho de la primera comunión y así sin parar tres días seguidos. Me visitó el médico dos veces pero aquí la susodicha estaba tan deshidratada y con demás síntomas, que tuvieron que llamar ambulancia y eche pa´la clínica mamita que si no, usted no lo cuenta.

Y aquí empezó Cristo a padecer, porque todo es burocracia, llamadas, autorizaciones, órdenes y demás; y una ambulancia que se pidió a las siete de la noche del lunes, llegó a las dos de la mañana del martes. ¡Esooo! Mi primera vez en semejante vehículo (que no se pierda el glamur) y como en las películas americanas me la imaginé tal cual, pero les juro que hubiera preferido irme caminando con tal maluquera que en esa caja de fósforos donde llega usted mas mareado de lo que se subió,  se le hace eterno todo, para nada cómoda (no exijo cama reclinable) pero algo más decente y con un frío que el Polo Norte es una maricada.

Llegué a Urgencias y me sentí como la protagonista de la canción de Juan Luis Guerra, “El Niágara en bicicleta”, tal cual. Si el artista me conociera, escribía la segunda parte seguro. La sala estaba a reventar ¿De dónde sale tanto enfermo oíste? Sólo un médico para evaluar y decidir cuáles eran los más urgentes y los que no, un portero que se creía dueño de la clínica y un par de enfermeras que en vez de haber estudiado Enfermería hicieron curso en mala leche y agresividad.

¡Evaluada! Es urgente, pase a sala para canalizarla. ¿A dónde? JUAAAA, que risa. La sala era un espacio pequeño con cinco sillas,  cuatro de ellas ocupadas y la quinta para mí: dura, sin una manta, con un baño al cual entraban pacientes más acompañantes y en una lentitud del personal, que no hay derecho. Y como Jesucristo, esa fue mi primera estación, donde a las dos horas de haber llegado y seguir sacando lo poco que quedaba en mi estómago, me canalizaron con suero y medicina para el vómito, pero seguía sentada. Ahí estuve muchas horas y conocí gente e historias donde ya lo mío era un simple dolor y sí pensé siempre que la salud pública en este país es una caca, en ese momento lo tuve claro. Y porque no tenía fuerzas para pelear por mis derechos, porque si no la historia hubiera sido otra.

¿Pero para que están las hermanas? Pues para pelear por uno y no dejarlo morir, porque mi pobre padre que llevaba conmigo ya casi un día en esas, le podía más el sentimiento que la ira. Y llegó aquella parte de mi sangre, uno de los pedacitos de mi vida como cual Wonder Woman a ver qué es lo que estaba pasando. Y “TÁ, TÁ, TÁ” como el difunto Profesor Jirafales y casi acaba hasta con el nido de la perra, y le dió sopa y seco a las enfermeras y tome vaciada usted por inútil, a usted por mala leche, a usted por desconsiderada con los pacientes y hasta el portero llevó.

Qué tristeza decirlo, pero “Lo peor de la rosca es no estar en ella”. Explicación para mis lectores extranjeros: (tener palanca, enchufe, tener conocidos que muevan influencias) Porque en estos casos es imprescindible, si usted no tiene salud pre-pagada lo dejan morir. ¿Y por qué no la tengo? Pues por dejada, por pagar otros “lujos”, etc. ¡No me regañen más! El caso es que nos tocó buscar a alguien para poder salir de esa sala, de esa silla y por lo menos poder ubicarme en una camilla en un cubículo hasta que hubiera habitación disponible.

En urgencias estuve un día completo, para luego pasar a una habitación compartida con  tres personas porque no había individual, pero a esas alturas de la vida me importaba un pepino, no era un hotel, necesitaba una cama y atención médica. Y esa fue mi tercera estación, cuatro días estuve ahí compartiendo enfermedad con otras tres señoras, muy queridas ellas, que como en una cárcel (digo yo) por lo del espacio compartido, baño, visitas, dolencias y hasta los partidos de La Copa América, se volvieron parte de mi vida diaria.

Ojo pues a la ubicación (de izquierda a derecha) y a los personajes:

Primera cama: “La Geidy”. Todo hay que decirlo, ¡una viejota! Amo los hombres, me gustan más que caminar en medias y así será hasta el fin de mis días, pero eso no quita que uno no pueda admirar la belleza de las demás mujeres. Altota, con un pelo largo divino y una personalidad arrolladora. Mejor dicho, cuando mi hermana no estaba, esa era la que peleaba por mí; porque vea a la niña se le acabó la medicina, no le han dado comida, etc. Le dio un trombo en una pierna y a diferencia de las demás no estaba amarrada a un suero, entonces era el bastón de todas. Hablaba duro, le gustaba ver TV a todo volumen, las visitas eran de a diez personas, le conocimos la familia entera: La suegra, la mamá, el novio, el hijo de 14 años, las primas. Durante los cuatro días solo trabajó, hizo llamadas, hizo pedidos, peleó hasta con el perro y el gato, pero ahí seguía, luchadora.

Segunda cama: “Miryam”. ¡Lo máximo! Mala carosa y de aquí me van a sacar como sea. Con síntomas como los míos y un colon más irritable que ella.

– “Y que dolor de estómago tan hp, me duele todo, pero apenas salga me como una buena carne”.

– “Veaaa sutanita,  ¿usted es que no sabe buscar o qué? Si ven pues a mi sobrina, me trae calzones y me deja sin brasieres. Pero cómo me traés eso, no ves que yo sólo uso brasileras”.

– “Estos si es que no sirven pa´nada, mete gol pues bobooooo”.

Tercera Cama: La mismísima ANA, autora del blog #asíomásdemalas, la que aguantó chuzones en los brazos, el estómago, sacadas de sangre, exámenes médicos, endoscopia, ecografía abdominal, TAC abdominal, suero, Ranitidina, Plasil, etc,. bla, pero la que compartió con sus tres compis de habitación, vio el partido Colombia-Chi chi Le le y casi muere again, aprendió la lección y tiene una dieta nueva,  lo peor… pero primero la salud que cualquier curva voluptuosa, primero la tranquilidad que cualquier parido(a), pariditos, grupo de pariditos y todo lo que se le parezca alterándolo todo y lo más importante: el relax, que como dice el otro amigo Juanes “La vida es un ratico”.

Cuarta cama: “Doña Inés”. Llevaba un mes y medio hospitalizada. Encantadora, como una abuelita que sólo provocaba abrazar. Tenía problemas del corazón y nada que le daban el alta. Las enfermeras, médicos, los de oficios varios y hasta las voluntarias, la conocían. Digamos que ya era parte de la clínica, o como yo le decía: “Ya tenía acciones en ella”. Le encantaban las novelas de la tarde y como a mí no me gustan mucho, no podía ver que llegara mi papá a visitarme porque ¡venga pa´cá! es decir, mi adorado padre quedó ducho en el asunto de las tramas de amor.

Pues eso mis queridísimos lectores, que me salvé porque mala hierba no muere, es una experiencia más de vida y para este blog al cual no veía la hora de llegar a plasmar mi nueva historia. Y siempre digo que “Antes muerta que sencilla”, pero creo que sólo por esta vez prefiero ser sencilla, porque sin salud no somos absolutamente nada.

 

Buses: Deporte extremo

Tarifas-transporte-MedellinEn un post anterior hablé sobre los taxistas, pues hoy le toca al gremio de los buseros, concretamente a los de #Medellín. Ciudad donde crecí, dejé por muchos años y regresé; pero donde todavía el subirme a un bus, me produce un no sé que en no sé dónde.

La escena es la siguiente:

Usted decide tomar el transporte público por varias razones, camina hasta el paradero con su pasajito en la mano y espera a ese hombre que la va  a transportar de la tierra al cielo, es una metáfora ¿listo? Pero que se convierte casi que en realidad porque uno ve el túnel prácticamente antes de llegar a su destino.

Espera pacientemente a que pase el que usted necesita. Pasó uno…No para porque el hp va por la izquierda y no por la derecha por donde debe ser. ¿Puede pasarse de un carril a otro como si fuera muy fácil? ¡NO! Entonces espere el segundo… No para porque va “tetiado” (dícese lleno) ¿Y usted cabe? ¡NO! Pues espere el tercero.  Y en ese si se puede subir gracias a Dios, llega tarde, pero ya coronó.

“Buenos días señor”. ¿Responde? ¡NO! Entonces siga derecho porque que más va a hacer, eso si, después de haberle restregado la mano con la suya para entregarle la devuelta; por lo general con monedas nuevas de 50 pesos que usted cree que le están devolviendo las del Monopolio o las famosas “cobijas”, unos hermosos billetes que parecen recién sacados de la lavadora con secado incluido. Y aquí hay algo muy importante que quisiera aclarar, o más bien dejarlo como consejo si quiere vivir en paz con el prójimo ese día: No pague con un billete de más de 10.000 COP, ¡ni se le ocurra! Y eso que con uno de diez ya está expuesto al peligro. Se los advertí.

¿Dónde me siento? Ay pues atrás que me queda cerca de la puerta. ¿Quién le dijo a usted que esa era la mejor decisión? ¡Diga! No falta si no subir y bajar las manos y gritar ¡Yujuuuuu! porque la montaña rusa de cualquier parque de diversiones americano es una güevonada al lado de eso. Usted brinca y no para de hacerlo hasta llegar a su destino porque el señor conductor, valga la redundancia, conduce como si llevara ganado y se pasa resaltos, semáforos en rojo y hasta compite con los colegas, ¡hágame el hp favor! Eso sin contar los frenones que por nada usted queda reemplazando al chófer, no exagero, si no se agarra bien, sale disparadito desde atrás en voladora y allá va a dar.  Lo dice la voz de la experiencia.

Y si era ateo se convirtió y vuelve al redil, porque mínimo dos rosarios en bombas de fuego alcanza a rezar mientras se baja. Ve la luz, se le pasa la vida como una película y hasta deshace los pasos. No entiendo cómo se puede conducir de esa manera tan brutal en una ciudad donde una “autopista” tiene dos carriles, los semáforos funcionan un día sí y el otro no, los peatones se pasan corriendo las calles e infinidad de situaciones que son surrealistas. Obvio, la gente que vive en países como el mío (Colombia) lo sabe, no se puede comparar con otras ciudades del mundo que en cultura ciudadana nos llevan lustros.

Bueno, ¿dónde íbamos? ah sí… ya me voy a bajar porque estoy llegando. ¡Qué risa! ¿Qué se quiere qué? ¡BAJAR! Pues hay varias posibilidades de poderlo hacer sin que pierda la vida:

Que el timbre funcione y el conductor pare donde debe ser, porque en un caso “hipotético” que no sirva se puede pasar gritando varios minutos: “Señooorrrr pareeeee, éste me va a llevar hasta la casa de él pues”. Le oyó y le paró cinco calles después, bueno se camina, pero tírese de ese bus como pueda antes de que arranque sin usted haberlo hecho.

Que por mala leche le haya oído pero no le da la gana de parar donde es porque va por la izquierda; quién lo creyera pero hay gente así. Entonces usted se pega de ese timbre o a darle con lo que sea a la varilla de metal de donde va sujetado a ver si le oye, eso si en coro no le ayudan antes los demás pasajeros: “Seññooorrrr, que pare y por favor abra la puertaaaa”.

Última situación: Le oyó, va por la derecha y estaciona en el paradero, pero usted va más encartado que un mueco abriendo un bolis y no se alcanzó a tirar, porque uno no se baja de ahí, ¡uno se tira! Este arranca porque no le dan ni una gavelita pues de descender como Dios manda y lleve su totazo porque se fue de narices al suelo. ¿Y qué hace tan digno profesional del volante? ¡NADA! Arranca again, si te he visto no me acuerdo y sigue su ruta.

Y para más descaro, en cada vehículo hay un letrero que dice ¿Cómo conduzco? Llame al número tal y quéjese. ¿Pues cómo van a conducir? Como el mismísimo FOLLELLI (dícese de la parte baja donde la espalda pierde su casto nombre).

 

 

 

 

¡Ya no entra!

asi-o-mas-de-malas - copia“Estudiar después de los 40 es como tener un hijo a los 60”, esa es mi frase célebre actual. Acabo de comenzar una Maestría a los 43 años ¿y qué quieren que les diga? Que es tener gemelos y con trabajo de parto de dos días.

Volver a coger los libros en la “mediana” edad tiene una serie de retos específicos, desde hacer malabares con las clases y un trabajo como el mío que quita más tiempo que un novio enamorado.  Y no es lo mismo hacerlo a los 19 y obtener un título luego de cinco años, eso “ya no entra” tan fácil (pues…el estudio). A esta edad ya usted no rinde igual, el cansancio se apodera de todo el cuerpo y la mente, hay que llegar a leer en la noche cuando sólo provoca estar metido entre las cobijas (arrunchada o no) pero con ganas de dormir. Habrá algunas, que no es mi caso gracias a Dios, que están casadas y con hijos y ahí si tienen que ser parte de la nómina del Circo del Sol, porque de otra manera no entiendo como hacen.

Es importante la mente y su agilidad si por mucho tiempo se ha dejado de estudiar, digamos que esa parte no ha sido tan dura porque cada día tengo que preparar clase para mis estudiantes universitarios y he tenido que volver a retomar conocimientos, pero un posgrado es a otro nivel. Cuando hice mis especializaciones era joven y bella, recién salidita de la “U” y eso era otra cosa, la última la cursé en el 2005, entonces calcule pues.

Los compañeros son de mi edad o algunos años menores (no muchos) y para mi es una ventaja porque decidieron estudiar y terminar con lo pendiente en sus vidas igual que yo; hay más responsabilidad y seriedad de alguna manera, pero eso de volverse a reunir para preparar exposiciones o ponerse de acuerdo para estudiar, es más fácil hacer gárgaras con arequipe.

El horario es duro, hágame el hp favor viernes en la noche y sábado todo el día. Me provoca darme látigo con el escapulario de espinas. Y muchos dirán: “Ay pero taampoooco”… Los he de ver malditos en esas cuando les toque. Una cosa era  pasar derecho estudiando cuando se tenían menos años o en algunos casos, empatar fiesta con clase de seis de la mañana que eso era nivel Dios; había energía y toda la actitud, ¡hágalo ahora! si no le da un infarto en plena clase, puede durar dos días sin levantarse de la cama.

Volver a pensar en hacer una tesis 19 años después de haberme graduado como comunicadora social-periodista, es una especie de promesa que estoy pagando sin saber porqué. Tenía muy claro que esa había sido la única y última, ¡pero no! pasa como con algunos ex novios con los que uno repite y como versa el famoso dicho: “Segundas partes nunca han sido buenas”.

Pero heme aquí trasnochando, leyendo los enemil documentos, pensando un tema de investigación, volviendo a recorrer pasillos de universidad, corriendo de un lado para otro, comprando cuaderno para tomar notas y sentándome nuevamente en una silla de aula académica. Pero también he de reconocer que aunque esto de retomar estudios es más duro que nalga de muñeco, estoy aprendiendo cantidades, engordando la hoja de vida y sobre todo, haciéndola porque con este nuevo título, tengo trabajo de docente pa´rato que es lo que me motiva.

 

 

 

 

¡Sólo yo!

imagesSegún los expertos hay una epidemia de narcisismo entre los menores de 30 años. Se llama la generación ‘ego’, viven pendientes de la cantidad de ‘likes’ en sus redes sociales y las selfies son su prioridad.

Traigo el tema a colación, porque hace unos días ojeando una revista de moda encontré al personaje perfecto. No para hablar precisamente de  quién es, ya que no es un blog de biografías, si no para contar que se siente producir a través de las redes o la publicidad, semejantes deseos.

El objetivo principal era describir como este “adonis juvenil” (que es un bizcochito recién horneado) puede protagonizar el mito de Narciso, aquel joven de gran belleza a quien todos admiraban, pero que lleno de vanidad y orgullo despreciaba y rechazaba a todos sus amantes, hasta el punto de llegar a enamorarse de sí mismo.

Lo contacté para que me lo narrara, pero el susodicho nunca respondió. Habrá pensado que era una fan loca enamorada que quería conseguir algo de su atlético cuerpo ¡digo yo! Y como eso no me impidió escribir porque hay mucha tela de donde cortar y no es el único en esta ciudad que sufre de semejante mal, he aquí mis apreciaciones.

La necesidad de querer mostrarse en público y sentirse admirado, está ocupando un lugar cada vez mayor en esta vida mundana. A este chiquitín que causa “babiaos” donde esté, porque en la vida había visto una cosa igual,  digamos que lo  “entiendo” por ser modelo de una conocida marca local y moverse en un mundo banal; aunque “bebé” tengo que decirte algo muy fuerte: Y es que la belleza algún día se acaba. Pero hágame el hp favor los que ni siendo modelos se creen los reyes del universo y pretenden darse el lujo de zapatear a diestra y siniestra y ofender a los demás, sin ningún reparo con la vanidad a cuestas.

Creo que las redes sociales tienen algo que ver con esas actitudes, el uso excesivo de Facebook, Twitter e Instagram despiertan el narciso que se lleva dentro. ¿Qué son necesarias, globales y de moda? ¡Sí! pero que provocan su rayón, lo provocan. Y si ya estamos obsesionados por estar conectados a través de los dispositivos móviles, hoy las tan conocidas “selfies”, acabaron con nosotros.

¿Será que se están convirtiendo en el espacio de expresar ciertas necesidades? ¿Acaso por diversión? ¿Cómo indirecta para alguien? ¿Para compartir sólo momentos? ¿Para presumir logros? ¿Indica soledad, vanidad o inseguridad? Es que hay unos que se pasan y a mí no me parece normal que usted se tome auto-fotos casi que haciendo sus “cositas” en el baño, comiendo sushi y demás alimentos existentes; tomando café, jugo, vino, té, raspao, granizao, cholao, melao y todo lo que termine en “ao”; despertándose, haciendo el desayuno, cuando le salió la primera cana, con boca de pato, peinado, sin peinar, con la moto, sin ella, etc., y todo esto en la más infinita soledad.

Vale que a veces nadie le pueda tomar la foto y la ocasión lo amerita, pues hágase selfie; pero el auto retratarse una y otra vez en la misma pose y en todas las circunstancias posibles, para mí, es que está pasando algo. Además porque el tema no queda ahí, el paso siguiente es postearla inmediatamente en los perfiles sociales y empieza Cristo a padecer; porque la mayor preocupación es cuántos “me gusta” o cuántos “retweets” va a recibir la foto en cuestión. Y si también hay más de un comentario, la popularidad sube como palma, pero como dicen por ahí, también puede bajar como coco. Entonces menos autofotos y más autocontrol.

Empaque sus corotos que vuelve y se va…

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Mudanza: cambio que se hace de una vivienda o de una habitación a otra, que consiste en trasladar los muebles y enseres al nuevo lugar de residencia.

Uno cree que cambiarse de habitación, casa, ciudad o país a veces no es tan complicado;  porque los cambios son buenos, porque la novedad es lo máximo, porque que dicha gente nueva, etc., pero siendo objetivos, es como si usted estuviera pagando una promesa, mejor dicho, sale más fácil irse de rodillas hasta donde el señor caído de Girardota, que planear y realizar una mudanza.

Desde que tengo uso de razón estoy empacando cajas y maletas, digamos que he sido como “judía errante” y me he movido más que los gitanos. Sin ser muy exacta, hasta los 25 años que me fui de Colombia viví en once lugares por lo menos y en otras latitudes ni les cuento.  Y al regresar después de un buen tiempo, súmele diez casas más.  En total, en los años que tengo de vida, he ocupado 33 hogares.  ¡Qué cansancio!

Tres países,  cuatro ciudades y 33 casas… ¡Ahora lo entiendo todo! Por eso soy inconstante, me aburro fácilmente y soy tan reacia a enamorarme. Lo dicho, la rutina no es lo mío. Y creo que así será hasta el fin de mis días, porque como dicen por ahí “el que es, no deja de ser” y si quiera ahí para, porque creo que de esta vida mundana, derechito pal lugar aquel maravilloso a pasar la eternidad.

Cuando uno vive en su país de origen todo es más fácil porque tiene familia, está más pudiente para contratar camión de trasteo, le ayudan los amigos y hasta le suben todo al sitio nuevo, pero hágame el favor en otra parte del mundo donde usted es estudiante, no tiene mucha capacidad económica y le toca pasarse en metro. Pues esa tuvimos que hacer recién llegados a Madrid el galán respectivo y yo, menos mal la mudanza fue entre dos, pero aún así cargar corotos, cajas, mochilas y hasta televisor de una estación a otra, no es nada maravilloso.  Lo bueno era que no había que pasar  cama o muebles, pues por lo general alquilan los apartamentos amoblados; porque ahí se hubiera podido parar en las pestañas Don Señor y me quedo sin un euro durante un año, pero ni loca me echo un colchón a cuestas y me paseo la capital española.

Y para más “Inri”, cuando estábamos ya instalados en el nuevo nidito de amor, a ver pues ¿dónde está aquello? ¿Lo otro? ¿Lo que tenía en tal cajita? Resulta y acontece que a la belleza de novio se le había olvidado cargar unas o varias cositas y las dejó en la puerta del anterior edificio;  y como es común que la gente tire lo que no le sirve o no le gusta en muy buen estado, los ciudadanos sin ningún reparo moral o apariencia alguna si les agrada se lo llevan, pues más avispado el que pasó, lo vio y pensó que era para tirar y como Pedro por su casa pues se lo llevó.

La costumbre no paró ahí, porque me cambié de Madrid a Barcelona y así sucesivamente de apartamento. Y el último trasteo en España me lo hizo una amiga muy adorada ella en un Fiat que solo cabían las maletas y pare de contar, calcule entonces ¿Cuántos viajes tuvimos que hacer? Porque ahí ya no era estudiante, ya trabajaba y tenía mis “propiedades”, poquitas pero las había comprado yo: la cama con colchón incluido, la bicicleta, el televisor, la mesa de noche, los libros, la ropa… y cuando hablo de ropa no era una maleta, ¿recuerdan que alguna vez les conté que soy compradora compulsiva? Entonces ni pa´que les digo.

Luego me fui a Londres y me tocó pagar un sobre cupo que “yo no lloro no más me acuerdo” y al volver tuve que dejar la mitad y regalar la otra. ¡No hay derecho! Pues, de las aerolíneas que no dejan llevar es pero nada. Y volví a Colombia ¿y pueden creer que aún tengo cajas en Barcelona? Aprovecho este post para agradecerle a mi gran amiga Mónica que tan amablemente, tan querida, tan bella ella, me ha guardado mis cosas durante seis años… ¡Moni, te puedes quedar con todo!

Y ahora sigo entendiendo… creo que mis problemas de bíceps y manguito rotador no se deben al sacrificio que durante horas le dedicaba al gimnasio, ¡no! Estoy segura que son de cargar maletas, subirlas, bajarlas, empacar cajas, llevarlas, traerlas y demás. Porque no sólo fuera de Colombia me tocó semejante “dicha”, cuando regresé seguí en las mismas: de un sitio para otro, sola, con compañero, sola otra vez, con roommates y así hasta que decidí que paraba y no me movía más: porque el estrés me estaba matando, el cansancio me podía y las fisioterapias las estaba empezando a odiar. Y aún teniendo ayuda para mover mis cosas; el empacar agota, tener llenos los cuartos útiles de familia y amigos es conchudez, el volver a poner la ropa en un closet mata, el colgar cuadros acaba, el acostarse a las tantas porque faltó esto y lo otro es como para darse látigo. Llevo seis años de haber vuelto y ya he habitado nueve casas. En la actual llevo dos y medio y espero sea mi morada por un tiempo más hasta que vuelva y tenga fuerza para seguir andando, o no.

Aunque la mona se vista de seda…

imagesSegún varios diccionarios consultados aquí por la autora, la palabra «glamur» se utiliza habitualmente en la moda para designar las características atractivas de la forma de vestir, el estilo y la belleza individual; marcando la perfección, la vanidad, la exuberancia, la atracción sexual y demás aspectos que son atribuidos por los medios de comunicación y el resto de los mortales.  Si todos lo entienden así, no lo sé, pero lo que si hay que aclarar, es que es muy diferente a la elegancia; algo de lo que usted es propietario absoluto.

Tema banal que trato hoy porque hace algunos días hablaban de ciertas figuras públicas con las cuales entré en shock y debía desahogarme. Sé perfectamente que es un tema polémico, pero como siempre lo he dicho: este es mi espacio para opinar. Obvio sin el ánimo de ofender a nadie, pero me dicen con la mano en el corazón que tienen de glamur ¿Lady Gaga, Kym Kardashian o sin irnos más lejos, la queridísima Marbelle?  Entre otras, que no provocan sino darse látigo, sin contar al género masculino que también hay cada espécimen que hágame el favor.

Este adjetivo que suena a “crema y nata”; nace, crece y se reproduce por el juicio de la sociedad. Resulta siendo algo que se puede comprar si se tiene una buena cantidad de dinero, se pueden adquirir entradas para un espectáculo glamuroso -dícese fiesta exclusiva o club social- irse de compras por los mejores almacenes de la ciudad sin tener un ápice de sentido de la moda y aún así, comprar el ajuar entero combine o no, entrar los hijos al colegio más reconocido porque ahí están los niños de… y así en infinidad de situaciones; pero lo que nunca se puede comprar es la distinción o “garbo” como decían las abuelitas.

Y lo que para muchos puede ser glamuroso, para mí no lo es. ¿Será que no nací con ese sentido del estilo? ¿Será que el aborrecimiento por lo ordinario me supera? ¿O será qué mis principios divinos no me lo permiten? Tengo varios ejemplos que quisiera compartir con ustedes mis queridos lectores, que estén de acuerdo o no, para nada afecta esta relación 😉 ¡Para gustos los colores!

Lentes oscuros: Dícese para el sol, no se usan en todos los lugares habidos y por haber. ¡Sí! utilizarlos es de un “chic” subido, usted se ve hermosa (o) y con clase, pero son para exteriores ¿listo? No para interiores tipo aviones, salones de clase, cayendo ya la noche, discotecas y sitios varios. A menos que esté operada (o) de miopía, cataratas o tenga conjuntivitis, eso ya es otra cosa.

Amigas cuchi-barbies: ¿Tan amables y se visten de acuerdo a su edad? Para algunas mujeres la frase “envejecer con dignidad” no existe, puede ser difícil aceptarlo pero no hay de otra, hagamos entonces el esfuercito para no parecer adolescentes tardías. ¡Gracias, muy amables! Y aquí encaja perfectamente el “Animal Print”, aquella moda sexy, salvaje y con personalidad, pero que debemos aprender a usar en la medida justa. Este estilo  puede verse elegante y sofisticado si está bien combinado, pero también nefasto y vulgar si se abusa de él; porque una cosa es simular parte de y otra muy distinta es creerse el mismísimo animalito dueño de la piel.

La marca con la marca, más la marca no combina. ¿Habrá algo más de tan mal gusto que la camisetica Coco Chanel con el cinturón Coco Chanel, a juego con el bolso Coco Chanel más el zapato Coco Chanel? ¿O la Dolce & Gabbana (que me parece horrorosa),  en un hombre conjuntado de la misma manera? Es decir, en este caso, usted es prácticamente un logo andante.

¿Quién dijo que las uñas mientras más largas y decoradas más glamurosas? Quién fue para ir condenándolo ¡pero YA!  Deben estar siempre bien arregladas, pintadas apropiadamente, mientras más sobrio el manicure más bonito luce; de resto va a parecer un koala con ganas de treparse al primer árbol que encuentre.

Para ir finalizando, hay algo que deben saber porque va siendo hora de revelar el secreto. Sé que a algunas les dará muy duro y será difícil de superar, pero resulta que… ¡Los leggins no son pantalones! A ver, ¿Tiene usted cuerpo para ponérselo sin que quede forrada y parezca que va a explotar? ¿Le queda bien con una camisa más corta que éste? ¿Se ve como la hija mayor de Michelin? Hay que ser sinceras y aceptar que se tiene y que no, con que nos vemos bien y con que no.  Hay un objeto maravilloso que se llama “espejo” y ese -a diferencia de los hombres y las vendedoras de almacén de ropa- no le miente.

Y tantas cosas, situaciones, personajes, decoraciones, etc., que me ponen los nervios de punta, se asocian con el glamur. Un concepto tan vario-pinto que a veces toca aceptarlo para no tener problemas con más de un personaje que es mejor llevarse por las buenas. Pero así es la moda, los gustos y la sociedad en que vivimos, llena de “glamurosos” a los que nunca podré entender.

¡Taaaxiii!

el_negocio_de_tener_un_taxi_0 (1)Un taxi es un medio de transporte público que permite desplazamientos “rápidos, confortables y directos”, principalmente en la ciudad. Usted puede utilizar sus servicios de varias formas, entre esas las dos más comunes: Pedirlo a la empresa o tomarlo en la calle. El gremio de los taxistas no tiene desperdicio y aunque no se puede generalizar porque hay unos que trabajan como debe ser, hay otros que hace mucho rato deberían estar dedicándose a otro oficio. He aquí mis apreciaciones con anécdota incluida.

Usted puede pedirlo a la empresa, pero ¿No sé si reír o llorar? Haga de cuenta que está pagando una promesa sin tener ni idea de que fue lo que hizo. Si es una hora normal, puede ser que le digan que en cinco minutos llega, los cuales se convierten en diez. Pero hágame el favor si es un viernes, está cayendo el diluvio universal, hay cualquier feria en la ciudad o es época navideña; entonces ahí la promesa es doble, con tres rosarios de ñapa y hasta caminata de rodillas (con frijoles incluidos) a la gruta de cualquiera de los señores misericordiosos:  El de Buga, Girardota, El Caído… Produce tal desespero que lo dejen en la línea con la sintonía de la empresa, que en ese buen rato usted alcanza a mandar al carajo a la nómina entera. ¿Y qué hace? Pues colgar y seguir con la lista a ver si alguno aparece después de que le han dicho “NO hay móvil” muchas veces, pero como uno es masoquista, vuelve e intenta otra hora más hasta que se convierte en HULK, tira el teléfono lejos y ya no va a ninguna parte. ¿Y por qué?  Pues porque ya está muy tarde, tiene mucha rabia, el maquillaje ya se le corrió y está que se muere de hambre.

Y si lo toma en la calle, digamos que es la última opción que tiene si ve que no hay como más devolverse para la casa, porque tiene los pies hinchados o está lleno de paquetes. Se encomienda a todos los santos antes de que pare, apunta placa, número de móvil, empresa, características del vehículo  y escanea al conductor; pero luego de subirse, lo primero que hace es sacar el celular y llamar a alguien a decirle a todo pulmón (para que el taxista escuche) que ya va para la casa en un taxi que cogió en tal calle y hasta coordenadas exactas da por si acaso.

Está muy bien que tenga estas opciones, pero ¿y el conductor? Ese “Fitipaldi” que debe tener el conocimiento y la autorización necesaria para manejarlo, ese que puede incluir la ejecución de técnicas de conducción defensivas y tiene la capacidad de controlar un cambio de marchas manual, ese que lo lleva donde usted le dice y llega con el corazón en la mano mientras ve el túnel en el camino; ese es el TAXISTA. Ese que debe ser capaz de comunicarse de manera efectiva y cortés con sus pasajeros, ¿Me vuelvo a reír o vuelvo a llorar? Porque si no lo bajan diez calles antes por avisar que pagaría con un billete de $50.000 (COP), le dicen que no van al sitio porque “No niña con estos tacos, hm yo allá no voy”, ¡A mí que me expliquen! O entre dientes saludan y ni espere que se despidan, pero lo peor de todo es la falta de colaboración con el pasajero, ni una ayudita para bajar las bolsas del mercado, ni para una maleta, ¡nada pues! Que falta de consideración.

Hasta eso me lo aguanto, pero ¿los confianzudos? ¡Vea hombre! Que me le opina el que lo llama a uno con el apodo cariñoso de mi amor, mami, nena, negra, parce, entre otras palabras que lo llevan a usted a pensar: ¡A ver! ¿Nos conocemos, somos amigos, cuándo me casé con vos, soy tu mamá, cuándo hemos salido? ¡Respete a ver!  No hay nada peor que lo traten con esa “integración” como si usted fuera parte de la vida de ellos, tampoco pues. ¡Cliente es cliente!

¡Y no me toquen ese vals porque me muero! Si no lo llevan en época navideña con “Mamá dónde están los juguetes”  a todo taco, en cualquier otra del año le ponen reggaetón como si usted tuviera que aguantárselo, porque no preguntan si a uno le parece bien, ¡puede llorar y pararse en las pestañas! pero la musiquita no se la cambian. Y váyase al otro extremo (que lo he vivido en carne propia) ir oyendo el santo rosario, o la palabra del divino en la emisora cristiana (respetable cada uno con su religión) que les digo pues que dos calles más y me bajo convertida.

Para ir finalizando, serían tan amables señores taxistas de no intimar preguntando cosas que ni uno se las cuenta a los amigos, gracias, que detalle. Y tampoco tengo porque oír sus historias personales “Que vea que mi esposa tal, que vea que mis hijos tal, que vea que la novia me puso los cuernos con tal, que vea parce usted no se imagina tal, que una señora se montó esta mañana y tal, que mi patrón tal”. Y lo peor de todo es que le cogen tanta confianza a uno que hasta propuestas hacen:

Iba tan oronda en un taxi para un cumpleaños infantil y el mismísimo conductor de unos sesenta años comenzó a contarme sus infidencias: “Que vea niña hace tres años yo no tengo novia porque todas son unas “vagamundas”, que usted no me va a creer pero las usuarias cada rato me hacen propuestas indecentes, que como le parece que una usuaria se subió adelante y me dijo que ¿pa´dónde íbamos pues? Que mejor dicho ya no hay buenas mujeres… Y a propósito ¿Usted como se llama? ¿A usted no le gustaría que nos conociéramos? ¿Y porqué no salimos? ¡Usted se ve como decente!

¡AHHHHHH! No, es que si hay que ser muy de malas vida hp. Me demoré en contestar porque entre que procesaba la información y  le indicaba por donde giraba que ya llegaba a mi destino, le respondí: ¡Pues como señor, RESPETE, no ve que soy casada…¿Y usted ve esos cinco niños que hay ahí donde me va a dejar? ¡Pues son míos!

 

El perro del vecino

descargaEmpezamos muy bien el 2016: Conozco al vecino más bizcocho que he tenido en la vida y en circunstancias de ¿Así o más de malas?

No puede ser que casi nunca me encuentre a alguien en el ascensor o portería del edificio, para el día que estoy como una loca, sin peinar, desarreglada, con la pinta dominguera y peor aún, ¡sin bañarme! me encuentre a semejante bombón.

Debía bajar quisiera o no a recoger algo,  pero un domingo ¿Quién va a estar por ahí loliando? “Yo voy a bajar como estoy, total, son sólo cinco minutos”.  Y heme ahí muy subida en el ascensor de pelo recogido tipo moña, el pantaloncito negro de lycra de hacer deporte, la camisilla negra (por lo menos iba conjuntada) y hágame el hp favor; de Crocs amarillos. ¿Qué dijo ella? Aquí no vive nadie, la única inquilina soy yo, aprovechemos bajamos sin bañarnos y llena de pintura, porque andaba en menesteres del hogar.

Y al llegar a la portería lo primero que vi fue un perro de pocos meses, una cosita que no provocaba si no comérselo a besos y yo, amante de los perros a morir, me enfleché hacia el can para acariciarlo. Obvio también le empecé a hablar como si me entendiera mucho:

¿Ay quenessss uno amocho, lindo de este edificio? ¡Ay! ¿Pero usted de donde salió tan divino? Cochita linda, gordo pechocho. ¡Ay! ¿Desde cuándo usted es uno vecino, príncipe que le ganó a todos los perros de aquí? ¡Lindooo carajo!

Después de tan efusivo saludo, le di los buenos días al portero y hágame el favor Carlos me dice de quién es esta grosería tan hermosa, que si no, me lo subo pero ya mismo para el apartamento. Y la grosería tan hermosa resultó siendo el dueño que estaba sentando en frente viendo todo el show que había montado, pero que obviamente yo no lo había visto. El pobre Carlos ni hablaba porque yo tampoco dejaba con la algarabía, hasta que me pudo decir: “Doña Ana, vea al dueño ahí sentado”.

¿Pero porqué a miiiii? ¡Qué maldita ira! Y lo peor es que el cachorrito me dejó más despeinada de lo que estaba y me mando un mordisco a la yugular que casi muero desangrada en plena portería. ¿Pero a ver, quién me manda a distraerme con otras cosas cuando bajaba solo cinco minutos por un paquete?

¡Ay hola! ¿Tú eres el dueño del perrito? No sé de donde saqué fuerzas para saludarlo en semejante facha y ya nerviosa porque era un bizcochito recién horneado. ¡Ah no! tenía más dientes que una pelea de perros, blancos, perfectos, una cosa de locos. Alto, con unos 27 años diría yo y para acabar de ajustar; conversador y querido.   ¿Y yo? Hecha una porquería, seguro oliendo a cobija y con el perro a cuestas.

¿En qué piso vives? ¿Y eres nuevo? ¡Y divino tu perro y adiós muy buenas! “Carlos entrégueme el paquete tan amable que me tengo que subir pero ya”.

¿Pero por qué? ¿Y es que pintas? ¿Y en qué apartamento vives? Me subo contigo en el ascensor y así te despides de “Giro” ¡Sí, así como el Giro de Italia! Y me preguntaba para mis adentros: ¿No es suficiente ya? Pero untado el dedo, pues untada la mano.  Ya que estamos…

Los tres metidos en el ascensor y yo con ganas de llegar rápido, en ese espacio reducido que uno no sabe ni dónde mirar, ni que hacer y el otro diciéndole al perro que ya tenía una amiga nueva. Pero por fin se abrieron las puertas en el quinto y sólo alcancé a decir: “Chao, que estés muy bien, hermoso el perro”, porque no se me vio ni el polvero de lo rápido que salí. Y hasta el sol de hoy no me lo he vuelto a encontrar, porque mi Dios es muy grande.

Medellín-Bogotá-Caracas-Madrid

Hace días en una conversación familiar surgió el tema de la situación actual de Venezuela, e inmediatamente me acordé de la súper historia de uno de mis viajes Bogotá-Madrid, el cual me tocó hacerlo con AVENSA; aerolínea venezolana que suspendió sus actividades desde el 2002. Después de 59 años prestando sus servicios, finalizó sus actividades gracias al señor todo poderoso, porque esa odisea de viajar con ellos no se la deseo ni a la suegra del que sea, porque yo en este momento no tengo.

Necesitaba volver a España en diciembre del 2001 y obviamente por la época no había vuelos, pero así fuera en burro tenía que viajar; llevaba varios meses fuera del país y se vencería mi residencia. No encontré en Avianca ni en Iberia, en las que usualmente compraba tiquetes. Ni haciendo de 1 a 10 escalas  en cualquier lugar del mundo, ni en primera clase así me tocara vender todo, todito, todo, ni teniendo los archi-amigos en las aerolíneas, no habían cupos.

Fue tal mi desespero que en una agencia de viajes me consiguieron un vuelo (Medellín-Bogotá-Caracas-Madrid) en una aerolínea venezolana llamada AVENSA. “Si señora muy buena ella y usted viera el precio, sólo hace escala en  la capital y se demora las mismas 11 horas. Cómprelo que es la única manera”.

¡Y lo compré!  Salí de Colombia el sábado y llegué a España el lunes.  El viacrucis es una guevonada (con el perdón de los católicos, románicos y apostólicos) porque para empezar, cuando llegué a Bogotá la fila del checking  le daba la vuelta a la manzana ¡lo juro! casi tengo que llevar sleeping bag porque el vuelo estaba muy retrasado y cuando digo “muy” es  nivel Dios. Nueve horas que no son poquítas, nos tocó esperar en el aeropuerto. Ningún empleado de la aerolínea decía nada y por nada hay manifestación si no sale una azafata a decir: “Qué vergüenza, el vuelo está retrasado”. ¿Ah sí? ¡No jodás!

Nos enviaron para un hotel a dormir y poder viajar al día siguiente. No nos dieron ni comidita, nos ubicaron de a tres en una habitación y ni les cuento la belleza de room-mates que me tocaron. ¿Así o más de malas? Y cuando pudimos pegar ojo, nos llamaron a las 3 a.m. que ¡upa pues! que nos íbamos otra vez para el aeropuerto. Les juro que me provocaba devolverme para Medellín y perder mi residencia, pero no tener que seguir en esa odisea como si estuviera pagando una promesa.

¡Ya pueden abordar! ¿Si, con cual pasa-bordo? “No niña es que este es un vuelo chárter y las sillas no están numeradas, usted verá donde se hace o le toca”.  Ahí si me provocaba llorar a moco tendido y darme látigo. ¿Porqué a mi? ¿Yo que hice? ¿Como soy de buena persona, ciudadana, hija, hermana, amiga y demás? ¡No lo entiendo!

No pude tirarme a escoger sitio para sentarme, fue superior a mí. Que importa si me toca al lado de los servicios o montada en el ala superior derecha, pero no corro como si hubiera rebajas de temporada para conseguir una silla, total, todas eran iguales. No había primera clase, ni ejecutiva ni nada que se le pareciera. Hágase de cuenta un bus, así mismito. Y claro, me tocó en la porra, ubicada al lado del baño y sin espacio donde meter mi maleta de mano. Pesadilla sin fin número diez, más o menos.

Y por fin despegamos, que alegría ahora si directico a Madrid. ¡Uhhh si, como no! Si es que nos faltaba la escala en Caracas, que para colmo de males había huelga de pilotos y nos tuvieron en el  Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar  una hora y media dentro del avión y sin aire acondicionado. Hacía un bochorno, un calor, un desespero, una ira y unas ganas de acabar hasta con el nido de la perra que ni les cuento.  Ahora si fijo, fijo, me estaban cobrando todas las cosas juntas, hechas en una vida pasada.

Llevaba ya dos días viajando y mi familia supo la última vez de mí en Bogotá, ¡hágame el favor! Creo que estaban pegados del techo y preguntándose: ¿A ver, Ana iba para Madrid o para el Triangulo de Las Bermudas? ¡Dónde está esta niña! Y mi tío que me esperaba en el aeropuerto de Barajas el domingo, le tocó devolverse porque el vuelo que había salido el sábado no llegaba si no hasta el lunes.  Si es que me hubiera demorado menos viajando Colombia-Laponia Finlandesa y sin paradas.

Ya no podía más; el cansancio, el hambre (porque comida maluca y la de ese avión), la gente que viajaba, más los que se subieron en Caracas, me tenían hasta el moño. Yo sólo quería pisar la Península Ibérica lo antes posible, bajarme de ese vuelo chárter y maldecir a Avensa toda mi vida.

 

 

Profeeee…

gradeschoolconfidential6Cuando estaba pequeña soñaba con ser piloto de helicóptero. Me imaginaba con el súper uniforme y el kit completo maniobrando mi nave como cual Wonder Woman. Como segunda opción tenía la de ser profesora, ilusión que se materializó muchos años después.

Estudié Comunicación Social – Periodismo por tener aptitudes ideales para la profesión, pero luego de haber trabajado en varias áreas, probar las mieles y las hieles del medio; ahora soy profe universitaria. Experiencia que me llena de satisfacción, con la cual he hecho Doctorado en “paciencia-resistencia” y en la que diariamente vivo una historia distinta.

En mi época las cosas eran muy diferentes, la universidad está cambiando y con ella los estudiantes. Ahora no tienen afán de nada, llórela pues si en sus ratos libres van a la biblioteca, no se comprometen mucho en asistir a clase y en cuanto a participación, o no los calla nadie o habla más un mimo jubilado, no hay niveles medios. Tampoco puede generalizarse porque hay de todo, pero en este tiempo donde la tecnología manda, la ley del menor esfuerzo prima.

Hay algunos osados que cuestionan la metodología del docente y son rebeldes “porque el mundo me hizo así” -como la canción de Jeanette- rebeldía que si hubiera tenido yo en la universidad, salía por la puerta en bombas de fuego y párese en las pestañas pero no tiene reingreso. Un error de ortografía casi que le costaba a uno la materia de Periodismo, hoy en día hay que respirar hondo, contar hasta 10 e invocar al mismísimo dios de la ortografía y la  gramática –si es que existe- porque le puede dar un infarto con los horrores que usted alcanza a ver. ¿Y la buena redacción? ¿Qué es eso y para qué sirve? Y para un periodista un texto mal escrito es como una puñalada marranera. En fin, se hace lo posible por enseñarles con esfuerzo, entendimiento y sobre todo vocación, porque como dicen las mamás: “Vea mijo, el estudio es lo único que queda en la vida”.

Y así va yendo uno por la vida universitaria con personajes que sacan rabias pero también muchas risas; están los alumnos que se enamoran de la profe, los que te odian, los cariñosos, los preguntones, los que ruegan casi de rodillas por una décima, los confianzudos, los contestones, los conchudos, los elevados, los que responden todo, los que refutan porque sí y porque no, los que se profundizan en clase con ronquido y todo y los que no pueden vivir dos horas de clase sin celular.

Dejándolos en el anonimato obviamente, he aquí algunas frases que me han lanzado o escrito y que han quedado guardadas en mi memoria:

1. Profesora, sólo me gustaría decirle y con todo el respeto que se mereces, que me encanta estar en su clase y son dos razones pero sólo le puedo decir una: Me interesa mucho aprender, la otra no podría decírsela porque no quiero que de pronto eso me traiga problemas. DIOS LA BENDIGA SIEMPRE.

2. Ay profe… ¡Usted si tiene corazón!

3. ¿Qué son estas horas de llegar a clase?

-Profe es que estaba como maluquito

-¿Si, qué pasó?

-Ah no, es que en una fiesta me cortaron un poquito. Se alza la camisa: ¿Le muestro los puntos?

4. Profe, como yo no presenté el último parcial (de hace 1 mes) me voy tirando la materia. Y qué pena pues, pero yo necesito que usted me ayude. ¿No me lo puede hacer?

5. Maestra, ¡La quiero mucho!

6. Profe, Dios le pague por todo y disculpe las llegadas tarde.

7. Profe, ¿me puede decir cómo me fue en el parcial?

-No sé, recógelo mañana que los voy a entregar de 8 a 10 a.m.

-Usted si es muy mala. ¿Me va hacer ir mañana? Pensaba dormir hasta tarde.

8. Profe buenas tardes, lo que pasa es que la clase pasada no pude asistir por cuestiones de salud y hasta donde tenía entendido el parcial era para el día 24 de noviembre. ¿Se realizó el parcial el día 17 de noviembre?

9. No sabe la pena que tengo con usted profesora Ana. Sí, yo copié el trabajo, pero es que mi papá me dijo que si me tiraba una materia más no me volvía a pagar la universidad.

10. Con todo el respeto que se merece y gustándome mucho su clase, me fue muy regular en su materia y no estoy de acuerdo. Yo hice todo siempre bien y se lo tenía que decir. Me merecía más.

11. Gracias por haber asistido este semestre a mis clases. ¡Se les acabó la tortura!

-¡Uyyy Profe, como dice eso! Yo si la voy a extrañar mucho.

12. Deben entregar el trabajo en 3 cuartillas.

-Nooo Anaaaa, ¡mera salchicha!

13. ¡Vea Ana, yo no le echo los perros porque usted es mi profe!

14. Final de semestre: ¿Otra vez te vas a despedir? Ay si profe me devolví, es que la verdad yo si la quiero mucho.

15. Profe, ¿Me acepta en Facebook?

16. Pero profeeee ¡Cómo así que 3.5! (con lágrimas en los ojos). Yo no estoy acostumbrada a sacar notas tan bajitas.

17. Pues a mí me parece que usted no es la persona idónea para dictarnos esta clase, aunque tenga diez años de experiencia en el medio, no estoy de acuerdo con nada de los suyo.

18. Teacher, es que usted me cae todo bien.

19. Profe, le voy a cerrar la puerta de la oficina.

-No, que está haciendo mucho calor

-Uy profe, pues cómo que no. De pronto entran y se me la roban.

20. Primer parcial: ¿Y no lo puede hacer en parejas?

21. ¿Cuál trabajo?

22. ¿Qué son estas horas de llegar a clase? ¡Media hora tarde!

-Uy “miamor” es que pensé que era más tarde, me confundí

Delante de todo el salón: ¡Yo no soy su amor, soy su profesora me hace el favor y me respeta!

Y así sucesivamente una tras otra con las cuales usted no sabe si reír o a llorar. El caso es que seguiré enseñando hasta donde me deje la vida, la evaluación docente y el sueldo 😛

 

 

 

 

“Promete serle fiel”… Bla, bla, bla.

infidelidad

En este tiempo donde ya casi nada es tabú, meterse con un hombre casado no significa que ese que tenía que ser para usted, haya llegado tarde a su vida; sólo que se desvió del camino.  Tema peliagudo, lleno de opiniones y controversia. Mentes  cerradas, ciudad conservadora, jueces de doble moral y lluvia de críticas. La vida está llena de contradicciones, de oportunidades que a veces son difíciles de rechazar por X o Y motivo y los batacazos son inevitables, pero cada uno es consecuente con sus actos.

La verdad no sé qué tan bueno sea meterse con este espécimen, no lo tengo del todo claro. Aunque mucha gente piensa que no es correcto,  en mi opinión nadie está exento de dicha situación, que para más Inri por ser prohibida es mejor. Y no es ponerse en los zapatos del otro, ni vea ¿a usted le gustaría que le hicieran lo mismo? Ni darse látigo que da gusto; porque usted puede ser el más santo o la madre superiora – si es que cree que lo es – y le puede pasar  ¡Así de sencillo!

Y si le pasa, entonces se convierte en la “arpía roba maridos” y tiene que batallar con el rechazo de la familia, los amigos y la sociedad que despluma que da miedo.   Pero es que ni los famosos se salvan de esta “maldita” prohibición: Camilla Parker-Bowles y Angelina Jolie,  son perfectos ejemplos, mujeres que conquistaron a dos de los hombres casados más famosos del mundo, el príncipe Carlos de Inglaterra y el actor Brad Pitt. ¿Y? es que a veces no es el primero, a veces es el segundo amor el que mueve el piso y  da el revolcón.

Aunque la mayoría de las veces, estas relaciones no prosperan por que tienen más  obstáculos que una pista de atletismo,  ¡no se engañen!  Son muy comunes porque las mujeres ya no consideran prohibido meterse con un hombre casado. Y aunque algunas lloren, chillen o pataleen; con las ganas de equilibrar derechos, la sexualidad se vive de forma más libre y la infidelidad es una opción aceptable. Mejor dicho, es una relación paraíso-infierno.

También puede ser que no se busque  nada diferente a una relación clandestina con el kit completo: pasión, sexo y diversión;  sin embargo, en ocasiones una pinche aventurita puede convertirse en un romance serio. Aunque si usted ve que la cosa está chunga y el sujeto no quiere abandonar su zona de confort, no es recomendable porque  va a celebrar seguro las fechas importantes sola con su soledad,  jamás va a poder salir a loliar por ahí con él,  olvídese de los fines de semana,  ¡Llórela!  Y las llamadas, haga de cuenta que usted pertenece a la nómina del FBI. Y al que le gusta le sabe, pero la historia se repetirá siempre que intente estar con un hombre “ajeno”.

Pero yo me pregunto:  ¿De quién es la culpa? ¿Del man por no arreglar los problemas con Doña Señora? ¿Por casarse en bombas de fuego? ¿Por no aceptar a la persona con quien se casó? ¿Por haber cometido un error y no darse cuenta que no era la persona que amaba de verdad? ¿Por querer probar cosas distintas? ¿O de la “otra” por meterse con un hombre casado?

Y seguramente estos ejemplares no dejarán de ser encantadores, promisorios, caballeros y atentos, pero sobre todo:

C-A-S-A-D-O-S.